«¡No sin mi hijo!», sobre la integración de los niños en la vida social de los padres (I) [Revisión]

«¡No sin mi hijo!», sobre la integración de los niños en la vida social de los padres es la revisión de una entrada que, con el título: «¡No sin mi hijo!», sobre niños y vida social de los padres, publiqué en Protocol Bloggers Point el 4 de noviembre de 2015. Toda...

Veraneo y veraneantes de principios del siglo XX

Verano extraño el que nos tocará este año, aunque no nos podamos mover de casa o de nuestro entorno habitual, el calor hace pensar a los veraneantes en playas, arena, olas rizadas, largos paseos por senderos, altas montañas o simplemente pasar la tarde a la sombra...

Ceremonial para el acto solemne de Jura como heredera de la Corona

El 20 de junio de 1833 tuvo lugar la jura de la Serenísima Infanta Doña María Isabel Luisa como princesa heredera de la Corona de España en la Iglesia de los Jerónimos de Madrid. El ceremonial de dicho acto solemne fue aprobado por el rey Fernando VII y está recogido...

Si el viernes decíamos que el refranero tenía muy claro que es moda, hoy lunes comprobamos que un libro del Anaquel tiene clarísimo no solo qué es la moda sino también –y más importante- qué es la elegancia. El libro Manual de la elegancia y de la higiene (1849) es una traducción del francés –arreglada a nuestras costumbres- por C.N. de R. (solo tenemos sus siglas) que explica con claridad la máxima popular: “Moda, la que acomoda”. Se puede ir a la moda pero es fundamental saber llevar el traje -que nos vista, no que nos disfrace- o lo que es lo mismo, llevarlo con elegancia.

A continuación les incluyo una cita textual del libro mencionado, en la que me he permitido la licencia de separar párrafos incluyendo unos títulos y, como comentario, añado algún que otro refrán.

La tiranía de la moda

La moda es la reina del mundo; ella es la que da a su antojo reputación, fortuna, talento y honores. Ella la que, bajo veinte nombres distintos como sus caprichos, crea, destruye, ensalza o sepulta los imperios, y el peinado, las constituciones y el corte del frac.

Para ella parece que es para quien se dijo aquello de “pro ratione voluntas”.

¡Es moda! Y con eso se cree que se ha dicho todo: esa mágica palabra en ninguna parte ha ejercido tanta influencia como en la Francia, siendo teatral con Luis XIV, libertina con el Regente, economista con Turgot, pasiva con Bonaparte, paciente con Luis XVIII y constitucional con Luis Felipe.

La moda, como todos los tiranos, no ejerce enteramente su dominio sino sobre los que son muy débiles para resistirla. Sin chocar abiertamente con sus mandatos, se puede seguirla a su modo; más antes de estar uno vestido a la moda ha de procurar estar bien vestido, porque el hombre de gusto, en lugar de engalanarse con lo que lleva puesto, ha de aparentar lo contrario, es decir, que él es quien da valor y mérito a su traje, haciendo plegarse a la moda a su invención o capricho”.

Hay un refrán para esto: “Llevando lo que todos llevan, no harás moda nueva”.

París: moda y martirio

Si pudiera encontrarse en los anales de la moda todas las rarezas, tonterías y ridiculeces que ha inventado para martirizar a la especie humana, sería cosa digna de saberse. La moda en efecto ha sido causa de las acciones más grandes y de los excesos más increíbles: en todos tiempos ha sido el arma más poderosa en manos de gentes hábiles para manejarla. No hay cosa, por risible o cruel que haya sido, que no haya estado en boga”.

París parece ser el lugar elegido por la moda para asiento de su imperio: aquí todo se juzga por su influencia, teatros, paseos, trajes, política, literatura. Debemos sin embargo hacer justicia a la casi constante imparcialidad de sus fallos: el público parisiense rara vez se deja engañar, y las reputaciones que mira como tales, están fundadas en un gran mérito o en verdaderos talentos”.

También hay un refrán que puede resumir estos dos párrafos: “Moda nueva bien parece, y mal cuando fenece

Moda + gusto en el vestir = elegancia

El gusto en el vestir está en la relación y armonía que debe haber entre las diversas partes del traje.

Hay personas que disponiendo de una gran fortuna usan ropas ricas y de moda, y aunque parece que nada les falta, todavía se hecha de ver a la legua que la naturaleza no las ha querido dar lo principal, que es el arte de llevar la ropa.

Confúndese con mucha frecuencia el lujo y la riqueza con la elegancia. En igualdad de circunstancias, seguro es que una persona bien puesta superará siempre a otra que vaya ricamente vestida”.

Estos párrafos me recuerdan dos refranes: “El hábito no hace al fraile”   “Moda y fortuna, presto se muda

El traje marca la posición social

Aunque no haya señales distintivas en el traje que llevan los hombres de diversas profesiones, existe sin embargo un cierto matiz, una ligera línea de demarcación, que indica a un ojo perspicaz la edad, la fortuna y la profesión. Los sastres saben conservar con una admirable habilidad estas imperceptibles diferencias. El abogado, e propietario, el médico y el dandy vestidos por el mismo sastre, con paño de la misma pieza, cortado con las mismas medidas, se diferencian sin embargo”.

También tenemos refranes para esto: “Hombre bien vestido, por su palabra es creído” “El hombre por el traje, la perdiz por el plumaje” “Por la facha y el traje, se conoce al personaje”.

Si hay algo efímero eso es sin duda la moda. Seguir los dictados de la moda no nos convierte en elegantes, hay que tener gusto para vestir y saber lucir lo que se viste, cosa que no da el dinero (aunque ayuda bastante).

Fuentes:

El libro Manual de la elegancia y de la higiene (1849) disponible en la Biblioteca Digital Hispánica.

La imagen destacada del post: Federico de Madrazo, Jaime Girona, luego I Conde de Eleta, disponible en la web del Museo Nacional del Prado

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