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¡Dialogar o pontificar, he ahí la cuestión! ¿Qué es más beneficioso para el ego: dialogar y sufrir cuando la audiencia se percata de nuestra ignorancia, o pontificar y no admitir opinión en contra porque nadie sabe de esto más que nosotros?  ¡Que shakesperiana me ha quedado la primera frase!

Los últimos meses han dado tiempo para la reflexión sobre este tema. Si hace una semana hablábamos de mensajes políticos, proclamas y soflamas hoy la reflexión gira en torno a un verbo: pontificar. El  Diccionario de la Lengua da tres definiciones para esta palabra, nos quedaremos con la segunda y tercera: “presentar como innegables dogmas o principios sujetos a examen” y “exponer opiniones con tono dogmático y suficiencia”.

Cualquiera puede pontificar

He observado que no solo los políticos pontifican, cualquier experto lo hace, poniendo los puntos sobre las íes en cualquier tema, sin dar la posibilidad de abrir debate. Esa imposibilidad de debatir hace que la comunicación se transforme en unidireccional. Nos envían un mensaje en forma de soflama –esta palabra también la vimos la semana pasada- al que la única respuesta que se espera es “amén” o –para los modernos- “like”.

¿Dónde ha quedado la dialéctica? ¿Dónde ha ido a parar el debate? ¿Y la confrontación de ideas para buscar la verdad? ¿Qué ha sido de la postura crítica? ¿Y la posibilidad de hacer un análisis de los planteamientos de las partes cuando argumentan sobre un tema defendiendo sus posturas mediante un diálogo basado en la razón? Esto me falta porque  a mí  me enseñaron que la verdad absoluta no existe.

Si pontificamos no dialogamos

Si pontificamos, no dialogamos. El pontífice -no hablo del Papa- es por definición un monologuista con un alto concepto de sí mismo (ya saben que eso no le gusta al refraneroprotocolero). No le interesa dialogar porque cuando se dialoga ante cada una de sus tesis puede aparecer una antítesis, y eso les da miedo. En el diálogo cada idea puede entrar en conflicto con otra y mediante el pensamiento crítico quienes dialogan pueden ser capaces de llegar a la verdad desde distintos puntos de vista. Solo así se construye el conocimiento de cualquier materia, incluso del protocolo.

Esa forma de construir el conocimiento a través de distintos puntos de vista, está desapareciendo. Desde el púlpito, escaño, tribuna, estrado, tarima, red social o medio que se emplee, el charlatán o listillo de turno, siempre con bastante prepotencia, haciendo alarde de poder o incluso de conocimientos que no posee, lanza su arenga sin esperar opinión en contra. Solo interesa la opinión que aparece en forma de mano con el pulgar levantado, mano haciendo el signo de OK o las manitas de aplauso, es decir, solo interesa la opinión favorable del palmero.

Tipos de audiencia del pontífice

El que pontifica habitualmente tiene la suerte de tener enfrente a uno de estos dos tipos de audiencia: los políticamente correctos o los manifiestamente ignorantes.

Los políticamente correctos son personas con un conocimiento de la materia igual o superior al de quien habla, que no se atreven a decir “disculpe, creo que su razonamiento es equivocado: por esto, por esto y por esto”. Huyen de la confrontación porque no está en su ADN o no quieren pasar un mal rato.

Los manifiestamente ignorantes son aquellos que se tragan mentiras como pianos porque las dice alguien revestido de autoridad o cargado de suficiencia. Sus conocimientos no son lo suficientemente amplios como para detectar que les están “vendiendo una moto” y la compran sin problema.

Ante la ausencia de crítica, tomando el silencio del políticamente correcto como positivo, y las manitas aplaudiendo de los ignorantes como aprobación, el pontífice –y no estoy hablando del Papa- se viene arriba, su arenga ha servido para incrementar su ego.

Otra audiencia es posible

Hay un tercer tipo de personas que podrían estar entre el público del pontífice –y sigo sin hablar del Santo Padre- las Pepito Grillo. Son personas que cuestionan las verdades absolutas; que disienten de la línea única de pensamiento, y que por su nivel de conocimientos sobre el tema resultan incómodas para el pontífice. Directamente pasan al grupo de personae non gratae; hay que condenarlas al ostracismo, no dejarlas intervenir ni manifestar su opinión, pondrían en serio peligro el ego de alguien. Las Pepito Grillo son una especie en extinción (y lo digo en femenino porque estoy hablando de personas).

Así veo el tema y realmente me preocupa.

Para terminar permítanme que cierre con una frase atribuída a Bertrand Russell  (digo atribuída porque la he leído muchas veces mencionada por distintas personas, pero sin hacer correctamente la cita): “The whole problem with the world is that fools and fanatics are always so certain of themselves, and wiser people so full of doubts

Fuente de la imagen destacada: Susanne Jutzeler Pixabay sheep-2372148

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