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MENUMENU

Reflexión sobre Carnaval con pronóstico fallido fue la que publicó La Ilustración Española y Americana el 8 de marzo de 1878. Estamos en plena vorágine de fiestas carnavalescas y quien les escribe ha viajado al pasado para encontrar alguna referencia sobre los carnavales que vivían los madrileños del último tercio del siglo XIX,

En mi ayuda vino, como siempre, La Ilustración. En ella he encontrado este texto breve que les reproduzco íntegro a continuación. El párrafo final incluye un pronóstico que, con la perspectiva histórica que dan los 141 años que nos separan de la publicación, podemos afirmar que no se ha cumplido (afortunadamente).

Pocas serán las personas medianamente ilustradas que ignoren el origen del Carnaval. Remóntase la costumbre de celebrar con fiestas populares “el recuerdo de la más amplia libertad en que vivían los hombres primitivos”, a los primeros tiempos de Roma, y créese que el Carnaval de los pueblos latinos es una derivación raquítica de las famosas Saturnales, en las que reinaba, según el historiador Suetonio, desenfrenada licencia.

Pero el Carnaval de nuestros días no es siquiera un pálido reflejo de lo que fue en otras épocas, aún en el presente siglo; y los bailes públicos de máscaras, reunión de gente alegre y despreocupada, ceden su puesto a los saraos particulares, en los que la alegría y las bromas de buen género no están reñidas con las exigencias de la educación más culta.

Dentro de pocos años el Carnaval callejero habrá desaparecido por completo; será una piedra más, desprendida de los muros de Troya y empujada por las corrientes de la civilización, a la sima del olvido“.

Como les decía al inicio no hizo un buen pronóstico el redactor de estas líneas. El Carnaval se ha seguido celebrando, incluso estando prohibido y perseguido y ello por la triple función que cumplen este tipo de fiestas populares (y de la cual ya hemos hablado en este blog): diversión, unión y propaganda.

Fuente: la citada en el texto.

Imagen: “La salida de un baile de máscaras” (Comba) publicado en La Ilustración de 8 de marzo de 1878.

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