Anuncios de antaño ¿las mismas trolas que hogaño?

Encuentro en La Ilustración Española y Americana de 5 de agosto de 1870 un artículo: “Los Anuncios” que al leerlo –salvando las distancias temporales- me parece tan actual que he pensado que el periodista que lo firma –J. Selgas- podría escribir perfectamente sobre la...

Un buen traje no debe faltar en el armario ropero de un caballero elegante

Tengo en el Anaquel un libro de 1960  –“Etiqueta y urbanidad”- de Karlheinz Graudenz y Erica Pappritz, que me viene que ni pintado para ilustrar al hombre bien vestido, porque sabemos por el refranero, que por la indumentaria nos harán honra. El libro tiene un ...

Cantaba Georgie Dann por estas fechas no hace muchos años:

Carnaval, carnaval
Carnaval febrero
La la la, lara lara
Suena alegre el carnaval
En el mundo entero

Este año coincide la letra, el Carnaval también es en febrero y en ese mes y fechas aproximadas también cayó en 1871 (el 20 fue lunes de Carnaval). Este año nos toca vivir un Carnaval raro, como raro ha sido todo el año que dejamos atrás, pero que no cunda el pánico, el 2022 celebraremos unas fiestas sonadas, en este momento toca ser prudente.

Busco en La Ilustración Española y Americana y encuentro una referencia en el número publicado el 25 de febrero relativa al Carnaval a la que acompaña la imagen destacada de esta entrada.

El periodista que firma el artículo –C. Frontaura- no es muy optimista ni habla de forma entusiasta del Carnaval de aquel año, pero echa un vistazo atrás, recordando tiempos mejores y por eso lo he elegido como referencia. Para el autor, cualquier tiempo pasado –en Carnavalsiempre fue mejor y aprovecha el artículo para hacer una velada crítica política, recordemos que en febrero de 1871 el rey Amadeo I, el primer rey de España elegido por el Parlamento ,  acababa de llegar a nuestro país y no era lo que se dice muy querido por sus súbditos.

El Carnaval, según habrán tenido ustedes ocasión de observar, va de capa caída. Y se comprende; en una época y en una sociedad en que el engaño y la farsa son, como si dijéramos, modos de vivir, ¿qué diablos de entretenimiento ofrece vestirse de mamarracho durante cuatro días para hacer lo que se hace todo el año sin careta?”.

(…)

Por mi parte confieso a ustedes que el Carnaval contemporáneo no me divierte, y me parece lo más aburrido del mundo comparado con aquellos Carnavales de nuestros abuelos, durante los que todo e mundo echaba una cana al aire, y reinaba la lucra y había algazara y broma larga, y hasta aquellos personajes más serios y puestos en punto se vestían de moros o de griegos con tanta propiedad que daba miedo verlos, y las damas más encopetadas de la aristocracia vestíanse de manolas o de valencianas o de charras, y acudían al Prado de San jerónimo y a los bailes, cautivando los corazones de los rendidos y amerengados currutacos; y más de una vez, por si la marquesa sonrió a este o miró al otro, se dieron cuchilladas dos bizarros guardias de Corps, mientras la dama, ocasión del combate, volvía loco a un estudiante tunante, doctor en galanteos, licenciado en picardías y bachiller en endiabladas artes, terror de los padres y tutores, y enemigo jurado de todos los maridos”.

(…)

En aquellos tiempos (…) el pueblo, en las fiestas populares, se confundía con la nobleza y la clase media, y por la parte ancha del Prado paseaban lo mismo las manolas y los chisperos que las más nobles damas y los más elevados personajes. Ahora el pueblo queda relegado detrás de las sillas de paseo, y la gente de fuste se pasea en coche, y al Prado no se va a ver las máscaras, sino a lucir la hermosura propia o la figurada, la riqueza, los caballos, la vanidad”.

Fuente de texto e imágenes: La Ilustración Española y Americana de 25 de febrero de 1871. Digitalizada en la Hemeroteca Digital

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