Hace ahora 150 años andaba la clase política española muy ocupada buscando un rey de repuesto para sustituir a la depuesta Isabel II.  Y el sustituto no sería rey por la Gracia de Dios, como el monarca absoluto que mencionaba Pedro Antonio de Alarcón en El Sombrero de Tres Picos, si no por votación en Cortes, más democrático -en 1870-  imposible, pero no fue una buena idea, un rey de España que no hablaba español, empezaba con mal pie.

Así que coinciden en Amadeo dos palabras homófonas: votado y botado. Para ser elegido fue votado por las Cortes y botado, sin votación ni violencia, por las mismas dos años más tarde. Como era un caballero renunció al trono escribiendo una carta, que podemos leer en la web del Congreso de los Diputados.

Contextualizar la época con una viñeta

Dicen que una imagen vale más que mil palabras y esta viñeta de La Flaca publicada a través de una de sus franquicias –La Madeja– resume el Sexenio mejor que cualquier infografía.

Por precisar un poco más el periodo de Amadeo I: en 1868 estalla la revolución y se inicia el Sexenio Democrático que finalizaría en el 1873. En 1869 se aprueba la Constitución que establecía como forma de gobierno la monarquía parlamentaria, así lo recoge su artículo 33: “La forma de gobierno de la nación española es la monarquía”. Como se había depuesto a la reina tocaba buscar un candidato y convencer al arco parlamentario de que era el adecuado para regir los destinos de la nación española. De entre los varios posibles el que se llevó el gato al agua fue Amadeo de Saboya.

Debates y votaciones en el Legislativo

Como el contexto era democrático 100% -democracia de 1870, se entiende- se aprobó una Ley de Elección de Monarca  publicada en la Gaceta de Madrid el 11 de junio de 1870. Leyendo su articulado es interesante comprobar que ninguno de los artículo recoge las condiciones que debía reunir el futuro monarca y sí las que debían concurrir en quienes habían de elegirle. A los electores se les exigía estar  “proclamados y en aptitud legal de ejercer su alta investidura” el día en el que se les convocaba para la votación (artículo 7º).

El debate de la votación en las Cortes fue muy interesante, les recomiendo para ello la Gaceta de Madrid de 17 de noviembre de 1870 que recoge el acta de esa sesión con todo lujo de detalles (incluidas toses, murmullos, etc.).

El resultado de la votación

Participaron 311 diputados y el recuento de votos, tal y como publica la Gaceta mencionada, fue como sigue:

  • 191 a favor de Amadeo
  • 60 a favor de la República Federal.
  • 27 a favor del Duque de Montpensier.
  • 10 votos en blanco.
  • 8 a favor del Duque de la Victoria.
  • 2 a favor de la República Española.
  • 2 a favor de Alfonso de Borbón.
  • 1 a favor de la República.
  • 1 a favor de la Duquesa de Montpensier.

Nombramiento de la Comisión del Congreso

Amadeo de Saboya resultó elegido por amplia mayoría. Tras la votación y el recuento –a las 8 menos cuarto de la tarde, tal y como reza el acta de la votación- se suspendió la sesión por unos minutos para proponer a la Cámara la comisión que habría de viajar a Italia y comunicarle al duque de Aosta su elección como rey de España.

24 miembros componían la comisión y 12 reservas (suplentes) por si acaso. Entre los 24  estaban el presidente del Congreso y todos los secretarios, lo que generó debate por parte de la oposición.

Amadeo: un rey electo virtuoso y caballero

Tras dar a conocer la composición de la comisión el presidente del Congreso pronunció un discurso que fue convenientemente interrumpido por la oposición. Utilizó ese medio para poner en valor las cualidades que, a su entender, concurrían en Amadeo de Saboya:

El Duque de Aosta (…) es un buen hijo, es un buen padre, es un buen esposo, es un hombre de una vida intachable

En su vida pública es un gran Príncipe; es un gran militar, y todavía más grande si se toma en consideración la edad que tiene”. Amadeo tenía 25 años en 1870.

El Duque de Aosta es un gran Príncipe en sus cualidades públicas y privadas, profunda y sinceramente católico (…) Soldado valiente que ha derramado su sangre en el campo de batalla (…) Ilustre vástago de una dinastía que siempre ha sido leal a la libertad y a la independencia de su nación (…)”.

En su contra tenía que no hablaba español y en una intervención, la del diputado Sr. Cabello, se dijo lo siguiente: “Desearía saber si el nuevo Rey ha de jurar en italiano o en español; y en vista de esta dificultad, suplicaría a las Cortes que difirieran por algún tiempo la elección de Rey hasta que el candidato aprendiera el español”. A lo que el Presidente respondió lo siguiente: “S.S. ignora, por lo visto, que el Rey cuando llegue el caso, prestará aquí el juramento y será recibido y acatado por el país, a pesar de S.S. y de los que como S.S. piensan. No tengo nada más que contestar a S.S.”. Vamos, que le hizo un pregúnteme lo que quiera que le responderé lo que me dé la gana al que nuestros políticos nos tienen tan acostumbrados en la actualidad.

Que el futuro rey no tuviese ni idea del idioma del país cuyos destinos iba a regir no solo no se veía como inconveniente, si no como una ventaja y “para tranquilidad del pueblo español” el Sr. Presidente dio un argumento de peso en línea con sus salidas de tangente: “que Inglaterra debe su regeneración a un Príncipe extranjero; que Bélgica debe su prosperidad, cuando no su existencia, a un Príncipe extranjero también, y que aún aquí tuvimos un largo período de bienestar y grandeza con un Príncipe extraño a nosotros, como era Carlos III” ¡Uf!.

La Compañía de la Corona

La Ilustración Española y Americana de 25 de diciembre de 1870 recoge una breve crónica de del viaje que hicieron los encargados de comunicar el nombramiento. Así sabemos que el 24 de noviembre salió de Madrid con destino a Florencia la comisión nombrada por las Cortes con el encargo de ofrecer la corona de España al duque de Aosta. El 26 de noviembre embarcaban en Cartagena en las fragatas: Numancia, Villa de Madrid y Victoria. Cuando leía estos detalles vino a mi cabeza La Compañía del Anillo del Señor de los Anillos y me imaginé a aquellos 24 comisionados españoles, pasando toda suerte de aventuras en su breve periplo. Pero, salvo una cuarentena de tres días en el puerto de Génova, el resto fue triunfo y gloria.

De Génova se dirigieron a Florencia donde llegaron el día 3 de diciembre (1). Su llegada a Florencia se anunció con salvas de 80 cañonazos, tropa en formación y un público entregado que “invadía las calles gritando con jubiloso acento: ¡Viva la Spagna! ¡Viva il re Amadeo!«.

Un acto  con mucho protocolo: la ceremonia de aceptación

A las 13:00 horas del día 5 la Comisión española fue recibida en el palacio Pitti por el rey Víctor Manuel y el duque de Aosta. El rey estaba “rodeado de los príncipes de la sangre y de los altos dignatarios de la corte”.

Se pronunciaron una serie de discursos que recoge la Gaceta de Madrid del 8 de diciembre de 1870.

Primero habló el presidente de las Cortes Españolas solicitando la venia del rey de Italia para ofrecer la corona de España a su hijo, no sin antes agradecer las atenciones de las que habían sido objeto desde su llegada a las costas italianas.

Después lo hizo el rey de Italia, dando el consentimiento para aceptar “el glorioso Trono a que le llama el voto del pueblo español”.

A continuación volvió a hablar el presidente de las Cortes dirigiéndose al duque de Aosta para comunicarle que “en sesión solemne y pública [las Cortes Constituyentes de la Nación española] han elegido a V.A. para ocupar el Trono”. El discurso concluyó con estas palabras “En nombre del pueblo español, nosotros, sus Representantes, os ofrecemos la Corona. Cumplida nuestra honrosísima misión, a V.A. toca resolver si  el regir los destinos de España, cuyos antiguos timbres se han confundido a veces con los de vuestra familia, y cuyos antiguos Reyes son vuestros abuelos, brinda estímulo bastante al levantado corazón de un Príncipe joven, deseoso de emular con sus actos los grandes ejemplos de sus predecesores”.

Le siguió el discurso del duque de Aosta quién “con ánimo agradecido” expuso las razones por las que aceptaba la propuesta “con la asistencia de Dios y el consentimiento del Rey”. El discurso completo puede leerse en la Gaceta de 8 de diciembre de 1870, aquí damos cuenta de su cierre: “Los anales de España están llenos de nombres gloriosos, de caballeros valientes, de atrevidos navegantes, de grandes Capitanes y de Reyes famosos. No se si alcanzaré la fortuna de verter mi sangre por mi nueva patria, y si me será dado añadir alguna página a las innumerables que celebran las glorias de España; pero en todo caso estoy bien seguro, porque esto depende de mí y no de la fortuna, que los españoles podrán siempre decir del Rey que han elegido: “su lealtad se ha levantado por encima de las luchas de los partidos, y no tiene en el alma más deseo que la concordia y la prosperidad de la Nación”.

Terminado el discurso de Amadeo de Saboya,  el presidente del Congreso aclamó al nuevo Rey diciendo: ¡Viva Amadeo I, Rey de España!

Una vez se hubo firmado el acta de aceptaciónpor todos los miembros de la familia real y por los diputados españoles” éstos regresaron al palacio de la embajada de España siendo despedidos con el mismo ceremonial que les dispensaron  a la llegada al palacio Pitti.

Ovaciones al nuevo rey y una comparación cruel en la prensa local

El rey de Italia y el rey electo de España aparecieron en el balcón del palacio Pitti, para saludar a la muchedumbre que llenaba la plaza y que gritaban vivas al rey y a España e Italia, momento que recoge la imagen destacada de esta entrada. Dice La Ilustración que “la ovación fue inmensa, y es bien seguro que dejará grato recuerdo en el ánimo del rey Víctor Manuel y de su joven hijo”.

La Ilustración cierra su crónica con este párrafo “Pero como nada hay completo en este mundo; como sucede muchas veces que en el placer se esconden las penas, el mismo día en que el duque de Aosta aceptaba la corona que se le ofrecía, y casi a la misma hora en que el pueblo florentino le aclamaba, tres de los periódicos más acreditados de Italia, L’Unitta de Turin, La Riforma de Florencia y El Movimiento de Nápoles, tuvieron la crueldad de apellidar Maximiliano II al joven príncipe que se había decidido a regir los destinos de la noble y generosa nación española”.

Comparaban a Amadeo con Maximiliano I, emperador de México (1864-1867) y desgraciadamente más que comparación fue un augurio: una monarquía implantada y con escaso respaldo popular, que para Maximiliano se saldó con un fusilamiento, afortunadamente no fue así para Amadeo, que pudo salir sano y salvo de España.

A modo de conclusión

Resume el reinado de Amadeo I esta frase del Marqués de Miraflores  en su exposición a la Cortes Constituyentes en la que manifestaba los inconvenientes de la elección de un príncipe extranjero para ocupar el trono de España: “Las dinastías que no tienen sus orígenes en la historia patria, ni son la expresión del derecho ni del sentimiento universal, y no pasajero de un pueblo, parecen condenadas por Dios a la debilidad y la impotencia, y rara vez llegan a contar larga vida

Fuentes:

La Ilustración Española y Americana de 25 de diciembre de 1870. Digitalizada por la Hemeroteca Digital.

Gaceta de Madrid de 1 de junio, 17 de noviembre y 8 de diciembre de 1870. Digitalizadas en el Boletín Oficial del Estado.

La cuestión de la candidatura para el trono, Marqués de Miraflores (1870) Digitalizado en la Biblioteca Digital Hispánica.

Caricatura de La Flaca: Wikipedia.

  1. En aquel momento la capital de la Italia Unificada era Florencia, faltaban apenas un par de meses para que se promulgase la Ley 33 de 3 de febrero de 1871 mediante la cual se trasladaba la capital a Roma.

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