Anuncios de antaño ¿las mismas trolas que hogaño?

Encuentro en La Ilustración Española y Americana de 5 de agosto de 1870 un artículo: “Los Anuncios” que al leerlo –salvando las distancias temporales- me parece tan actual que he pensado que el periodista que lo firma –J. Selgas- podría escribir perfectamente sobre la...

Un buen traje no debe faltar en el armario ropero de un caballero elegante

Tengo en el Anaquel un libro de 1960  –“Etiqueta y urbanidad”- de Karlheinz Graudenz y Erica Pappritz, que me viene que ni pintado para ilustrar al hombre bien vestido, porque sabemos por el refranero, que por la indumentaria nos harán honra. El libro tiene un ...

Hace un mes publicaba la primera parte de la revisión de una entrada de noviembre de 2015 en Protocol Bloggers Point sobre los niños y los ajustes que su presencia impone en la vida social de los padres. En esta segunda parte hablaremos de los niños en las ceremonias religiosas.

He elegido las ceremonias religiosas porque estas semanas de pleno verano están siendo la fecha elegida para la celebración de algunas de ellas pospuestas por la pandemia. Bodas, bautizos y primeras comuniones se están celebrando en julio y no nos las queremos perder ¿llevamos al niño?.

La información es la clave

Cuando se asiste a ceremonias religiosas, los niños se sienten inquietos por la solemnidad de los espacios en los que se celebran y la actitud que mantienen los allí presentes. Es labor de los padres darles la mayor información posible sobre la ceremonia a la que van a asistir y prepararles para lo que van a ver; recordarles que hay que permanecer en silencio y que no es un lugar de juego.

El niño disfrutará más si sabe lo que se van a encontrar y quienes le han invitado seguro que apreciarán su interés. No es necesario que participe en los ritos sagrados de un credo diferente al suyo o si no practica ningún credo. Siempre puede escuchar, sentarse, etc. con el resto del grupo.

Hay que comprender y respetar a los fieles, que necesitan concentración en sus oraciones. Esta es la máxima que siempre hay que tener en mente: el respeto a los otros y sus creencias.

Kit básico de comportamiento

El kit básico del comportamiento social en un lugar de culto:

  • El niño nunca debe ir solo a estas ceremonias. Frases como: “Como yo no soy creyente y no me apetece entrar, que pase Juanito solo y se siente con aquellos niños de allí para que vea a su prima tomar comunión” o “Juanito es el invitado y no yo, le dejo en la Iglesia y le espero fuera”, hay que descartarlas incluso del pensamiento. Al niño se le acompaña dentro incluso aunque solo él sea el invitado (esto ocurre).
  • Si el niño es muy pequeño conviene llevar alguna distracción. Algunos lugares de culto sorprenden a los más pequeños con lápices de colores y algunas hojas para dibujar o colorear, así pueden estar entretenidos y no molestan a los feligreses. Llevar algún libro siempre es una buena idea.
  • Algo a descartar del kit básico: aparatos electrónicos (incluso con cascos) y teléfonos móviles (esto ya se que es predicar en el desierto).
  • Abstenerse de llevar chuches y bollería industrial. Dentro de un lugar de culto no se come ni se bebe. Si el niño tiene hambre o sed (lo que en este supuesto equivale a aburrimiento) lo mejor es salir del recinto.
  • Etiqueta y complementos: una buena suela de goma sobre un suelo de cerámica o madera, apenas se nota; otro tipo de zapatos pueden transformar una ceremonia religiosa en una exhibición de claqué.
  • Durante la ceremonia no se charla y no se cuentan cuentos o se dan largas explicaciones. Si hay que decir algo o dar una indicación hay que hacerlo en voz baja y ser muy breve.

Consejo para sprinters

Estar preparado para salir por piernas: si llevas a un niño pequeño a una ceremonia, no se puede contar con estar presente durante todo el acto religioso, no pasa nada por perderse una parte (seguro que lo tienen grabado en video). Tú conoces bien a tu hijo y sabes sus límites, harás bien en sentarte junto a la puerta o al menos tener controlada la distancia que te separa de ella. Cuando el niño deje de hablar en voz baja y comience a elevar el tono de voz, si no para de moverse de un lado a otro correteando o empieza su carrera como atleta en el pasillo central de la capilla, ha llegado el momento de salir del recinto con rapidez y ocasionando la menor molestia a los fieles.

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