¿Un banquete en un tonel? ¿Por qué no? La creatividad es importantísima en la profesión de organizador de eventos, lo es ahora y lo era hace 121 años.

Hoy pensamos que estamos en el momento del no-va-más de la creatividad y la innovación aplicadas a los eventos y probablemente así sea, sobre todo, cuando hay que montar escenarios espectaculares. Esos montajes de arquitectura efímera son importantísimos para reforzar el mensaje que se envía con el evento y en ellos se va una parte sustancial del presupuesto (vamos, que nos gastamos lo que no está en los escritos, como dice el refrán).

El tema de la innovación, la creatividad y la espectacularidad es intemporal. Cada época ofrece sus ejemplos (que siempre hay que contextualizar en el momento histórico en el que se producen). Nosotros nos vamos a 1900. En aquel tiempo un momento interesante para mostrar al mundo cualquier tipo de avances eran las Exposiciones Universales y en ellas se organizaban eventos en los que los profesionales del sector también dejaban huella de su saber hacer.

Entre el 15 de abril y el 12 de noviembre del año 1900 se celebró en París la Exposición Universal, y fue allí donde se ubicó este gigantesco tonel en el que se podía ofrecer un banquete a 154 personas (o cubiertos, como dice el periodista) sin que quienes se sentaban a la mesa se quejasen por falta de sitio (espero que quien ponía los cubiertos en la mesa tuviera a mano una guía como la que publicaban en Protocolo a la Vista la semana pasada). Se instaló en Quai des Nations (hoy es el Quai D’Orsay) en la zona de los pabellones internacionales, que iba desde el puente de Los Inválidos hasta el Planetario.

La revista Por Esos Mundos de 11 de agosto de 1900 se hace eco de este efímero espacio polivalente, pues podía utilizarse como comedor para banquetes de gala, café o bar. El espacio  duró lo que la Feria, 7 meses, pero dio mucho que hablar.

Así lo describía el periodista:

“A un norteamericano se debe la construcción de este inmenso tonel que está llamando la atención en la presente Exposición de París.

Dentro de este gigantesco barril, que nuestro grabado reproduce, puede celebrarse un banquete de ciento cincuenta y cuatro cubiertos sin que los comensales estén molestos por falta de sitio, pues además de tener espacio suficiente para tres amplias mesas, queda aún lugar para que los sirvientes se muevan con desahogo.

La construcción de este tonel ha tenido lugar en Nancy (Francia); pero el constructor, Alfred Hirt, es de Greencastle, en los Estados Unidos.

En la Exposición se utilizará el tonel para café o bar; su coste, hasta colocarlo en el sitio que hoy ocupa, es el de 50.000 duros (oro), debiendo mucha parte de este valor a la profusión de esmerados trabajos que adornan el exterior e interior. Son tan enormes las duelas, que con gran trabajo consiguió Mr. Hirt encontrar un árbol del que pudiera obtener una sola.

Estas grandes duelas –las mayores hasta hoy conocidas- representa cada una un roble del Mississippi. En vez de encorvarlas, como se hace con las duelas corrientes, hubo necesidad de cortarlas, dándoles la forma del mismo árbol. Seis vagones fueron necesarios para transportarlas hasta el punto de embarque, y el gasto importaba 10.000 duros, exigiendo además cada duela un recargo de cinco duros para su colocación en los vagones. No hubo jamás otra expedición de duelas que igualara a la presente en importancia. Todo el herraje del gran tonel ha sido obtenido de los talleres de Pittsburg”.

Como vemos el montaje, aunque efímero, fue espectacular, lo mismo que su coste, pero seguro que el número de visitas que recibió el tonel ayudó a amortizar ese gasto rápidamente.

Fuente: Revista Por esos mundos, que pueden encontrar en la Hemeroteca Digital.

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