Una madrugá sevillana de 1882

En la madrugá sevillana de 1882  desfiló la Cofradía de San Antonio Abad, llamada del Silencio, denominada así “en razón a que  para el buen orden de la cofradía, no se usaban otras voces que las de cuatro roncas trompetas”. Esta cofradía, que llevaba...

Torrijas para un rey, receta de su cocinero mayor

¿Se imagina a un rey comiendo torrijas? pues si la receta nos la da quien fuera jefe de cocina de palacio durante 34 años, sirviendo a todos los Felipes (desde el II hasta el IV) alguna seguro que llegó a la mesa real. Además, con lo religiosos que eran los Austrias,...

Chincha rabiña que mi madrina es Sisí (y la tuya no).

"Chincha rabiña que mi madrina es Sisí y la tuya no" sería una frase infantil que imagino en boca de la Infanta María Teresa (hija de Alfonso XII y María Cristina de Habsburgo) soltándosela a su hermana María de las Mercedes o a sus amiguitas, cuando se enfadaba. Y...
MENUMENU

Un rey de la Casa de Austria se preparaba a lo largo de su vida para tener una buena muerte, aquella cuyo fin es  la salvación, para ello estaban las técnicas del ars moriendi; incluso había realizado sus previsiones testamentarias relacionadas con el tratamiento de su cadáver, la mortaja que lo cubriría y las misas que deberían decirse en su memoria.

Ante la gravedad e inminencia de la muerte comenzaban a llegar a palacio las reliquias de todos los Santos de su devoción y a los que se reconocían cualidades milagrosas, traslados que se hacían desplegando un gran aparato ceremonial, acompañadas por cortejos de religiosos (Varela, 1990). Al mismo tiempo sus súbditos, en iglesias a lo largo y ancho del  reino, comenzaban a rogar por su curación.

Muerte Felipe II Blogs UA

En la Cámara Real se administraban los sacramentos al rey moribundo: confesión, viático y extremaunción. La administración del viático podía ser pública o privada, el hacerlo de forma pública requería el despliegue de un complicado ceremonial y la formación de un cortejo.

Varela (1990) en su libro “La muerte del rey” describe –siguiendo a Rodríguez Monforte- el que tuvo lugar el 14 de septiembre de 1665 para Felipe IV a petición del propio monarca. El desfile salió de la Capilla Real a las 10.00 y lo componían: “primero el guion, que llevaba un ayuda de oratorio, con dos pajes de su Majestad a los lados con hachas, todos los músicos con su maestro, cantando el pange lingua en contrapunto, muchos títulos,  y ministros de diferentes consejos con velas, tras ellos los presidentes y grandes (…) los confesores reales, en medio tres capellanes de honor con paletilla, manual e incensario, todos los demás pajes de la casa con hachas, seis capellanes de honor con las varas de palio –bajo el que iba el patriarca de Indias con el copón del Santísimo en las manos, el capellán y el limosnero mayor de pluvial blanco- y a los dos lados –del palio-  el presidente de Castilla, y el vicecanciller de Aragón; tras el palio los mayordomos de la Casa de Su Majestad con velas”. Todo el recorrido cubierto por la guardia, que bajaba las armas al suelo al pasar el viático.

Una vez administrado el viático se formaba el cortejo para volver a la real capilla y el rey se quedaba solo -sin su familia- aunque rodeado de los oficiales de palacio, los grandes, los presidentes de los Consejos de Castilla y Aragón y los confesores y capellanes de honor.

Muerte de Carlos V Ch Degroux Artehistoria

Es el último acto de la vida terrenal del rey: ha protestado de su fe católica, ha recibido los sacramentos y la bendición del nuncio papal, está rodeado de las reliquias de los santos de su devoción, tiene un crucifijo en la mano y una vela en la otra.

En la representación de la muerte en obras de arte de la época se ve a menudo la vela encendida, el significado hay que buscarlo en la tradición cristiana, como símbolo de la luz de la fe.  “Otras veces -tal y como señala Martínez Gil (2000)- la vela es la llama de la vida, que no se apaga con la muerte y continua ardiendo en la eternidad”  y  además “tener velas benditas de determinadas santas o santos proporcionaba indulgencias, gracias y perdones”. A menudo la vela aparece en el momento en el que se está agotando, esa fracción de segundo en el que más brilla.

El rey ha muerto, las campanas de todas las iglesias de la corte comienzan a tocar a clamores; los altos oficiales de la Corte van de la Cámara del rey muerto a la del rey vivo a quien llevan el testamento de su padre, una vez abierto y comprobadas las disposiciones, comienzan las tareas de acondicionamiento del Salón Dorado, espacio en el que tendrá lugar el siguiente acto protocolario, que les contaré la próxima semana.

FUENTE:

  • MARTÍNEZ GIL, F. (2000): Muerte y sociedad en la España de los Austrias. Cuenca. Servicio de publicaciones de la Universidad de Castilla la Mancha
  • VARELA, J. (1990): La muerte del rey. El ceremonial funerario de la monarquía española (1500-1885). Madrid. Turner

ILUSTRACIONES

Capturas de pantalla de ArteHistoria y www.blogs.ua.es

 

error: Content is protected !!
Share This