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El pasado viernes hablábamos de funerales y cortejos fúnebres y hoy seguimos en la misma línea. En esta entrada hablaremos de un cortejo fúnebre muy protocolario, el que organizó la ciudad holandesa de Leeuwarden (que aquí se conocía como Leuvarda o Leuvarden) para despedir a Guillermo Luis de Nassau el 13 de julio de 1620, hace la friolera de 400 años.

Prueba gráfica: un grabado a doble página

De ese cortejo fúnebre tenemos prueba gráfica, lo que nos permite hacernos una idea del estricto protocolo que se siguió en su configuración. El grabado lo encontramos digitalizado con una gran calidad de detalle en la Biblioteca Digital Hispánica, lamentablemente solo han digitalizado la hoja izquierda del mismo. Si lo queremos ver al completo hay que ir a Wikipedia quien publica una fotografía con menos resolución pero en la que se ve el cortejo al completo.

El grabado, con inscripciones en neerlandés, da cuenta de los principales detalles de protocolo del acto, tanto del cortejo como de la capilla en la que se instaló el féretro, y va tan al detalle que incluye los nombres de individuos y corporaciones presentes en el mismo.

Protocolo del cortejo fúnebre

Aun desconociendo el idioma, quien mira el grabado, es consciente del marcado protocolo establecido para configurar ese cortejo. Es más, aun ignorando la trayectoria del personaje, sabemos de su importancia precisamente por ese ordenado cortejo que se organiza para despedirle.

El diccionario de la Real Academia nos dice que un cortejo es una “procesión solemne”, y así es el acto que vemos en la imagen. También el cortejo hace referencia al “acompañamiento suntuoso, numeroso y de gran aparato que se hace en una función ya sea de regocijo o fúnebre”, lo que observamos detalladamente en el grabado.

La solemnidad, suntuosidad, ostentación y pompa de la que hace gala en el cortejo queda reflejada en la figura central, el féretro, cubierto con un paño negro en el que se han bordado los escudos correspondientes a sus títulos. El ataúd va precedido de los símbolos que le representan como aristócrata, gobernante y militar: la corona ducal, el caballo enlutado, la cota de malla, la espada, el bastón de mando, el yelmo, los guanteletes o manoplas de su armadura y escudos, estandartes y banderas. Todos ellos portados por individuos perfectamente identificados por su nombre y cargo.

Solemnidad y suntuosidad que también vemos en la imagen de la capilla en la que descansa (esquina superior derecha).

La razón de ser del protocolo

El protocolo antes y ahora marca el puesto que han de ocupar quienes asisten a un acto. Ese puesto viene señalado por el rango y esa posición, en este caso la cercanía al féretro, da cuenta de la importancia de quien la ocupa. También señala la secuencia del acto y la etiqueta que se espera de quienes asisten al mismo. Solo hay que mirar el grabado para darnos cuenta de todo ello.

Les recuerdo que el acto sucedió hace 400 años, durante la Guerra de los Ochenta Años (1566-1648) una guerra de la que fuimos protagonistas.

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