¿Qué hay de lo mío? … ¡presi que quiero ser Ministro!

Ayer el pueblo habló en las urnas y hoy hay que empezar a pensar en repartir ministerios. Más de uno estará esperando la llamada del futuro presidente para formar parte de su equipo ministerial, otros habrá que le darán una llamadita para preguntarle  “¿qué hay de lo...

Costumbres en Todos los Santos (1899)

La Ilustración Española y Americana de 30 de octubre de 1899 recogía el texto y la imagen que les incluyo a continuación sobre la costumbre de visitar las sepulturas en la celebración de Todos los Santos. Cuando lo leía he tenido la impresión de que no estaba escrito...

Trajes que deben usar los estudiantes de todas las Universidades del Reino

Que nadie se lleve las manos a la cabeza, no estamos proponiendo una ley que regule la etiqueta de los estudiantes universitarios. Una norma de tales características sería imposible en el siglo XXI –aunque sería recomendable recordar algunos básicos sobre código de...

Preparando el guión para el Kiosko de Protocolo de ayer en Europeamedia en el que hablamos de la festividad de San Isidro y todo lo que la rodea: pradera, agua, rosquillas, bailes, verbenas, trajes de chulapa y chulapo, etc. encontré referencias a tres personajes femeninos muy castizos: Majas, Manolas y Chulas. Como no tenía muy clara la diferencia, decidí investigar un poco más sobre estos tres tipos de mujer propios de finales del XVIII y siglo XIX, y que han llegado a nosotros a través de cuadros de pintores como Mengs o Goya. Todas ellas, las del pueblo llano (no las duquesas vestidas de majas) eran  mujeres trabajadoras (carniceras, verduleras, castañeras, cerilleras, sastras, etc.), que mantenían a sus familias (marido incluído) y que al terminar la jornada y los días de fiesta, vestían sus mejores galas para salir a a calle ya fuera para ir a misa, procesión o bailes y verbenas.

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Esa etiqueta a la que me refiero aparece descrita en un libro de 1889. Majas, manolas y chulas: historia, tipos y costumbres de antaño y ogaño, de Enrique Rodríguez Solís que pueden consultar en la Biblioteca Digital Hispánica.

Maja: frente erguida, pecho elevado y talle recogido

La maja necesitaba estas características de su figura  para lucir: “moña de seda y plata; rico jubón de raso; saya corta adornada de azabaches y abalorios; graciosa mantilla caída sobre el cuello; media de seda y zapato de terciopelo (…) ; magníficos pendientes (…) sortijas (…)” y empuñar además “esa arma terrible (…) que se llama abanico“.

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Manola: gracia, donaire y malicia

Para llevar su traje de gala una manola necesitaba de las dos características primeras –gracia y donaire– ya que la malicia la reservaba para sus dichos cargados de segundas intenciones. En su vestimenta no faltaban: “peineta de concha, lisa, alta y acanalada sosteniendo un ancho rodete de trenzas, chatas de 7 cabos (…); mantilla de tira, ribeteada de anchas cintas de finísimo terciopelo (…); pañolito (…) de crespón de China, con bordado de colores y largo fleco; y las puntas anudadas a la cintura (…) delantal de fular (…). Saya con volantes de percal inglés, marcando las caderas y lo suficientemente corta para dejar ver los bajos de encaje de una blanquísima enagua (…) media de seda  (…) y un zapato de tabinete, de pala puntiaguda y muy baja“.

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Chula: estatura mediana e ingenio natural

Chaqueta negra; linda falda de percal o lana (…) enagua blanquísima (…) media blanca (…) elegantes botines de color azul o naranja la caña y el chanclo de charol, lleno de pespuntes; pañuelo de seda a la cabeza, recogido en las sienes (…) cubriendo la punta de atrás con el pañolón (…) negro, bordado en sedas (…) airosa mantilla“.

Cada uno de estos tipos de mujer tenía a su lado un tipo de hombre, del que hablaremos otro día.

 

Fuente del texto: libro citado.

Fuente imágenes: Biblioteca Digital Hispánica, Hemeroteca Digital (La Ilustración española y americana).

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