Enseñar a un hijo a ganarse la vida en el #Refraneroprotocolero

Enseñar a un hijo a ganarse la vida, educarle para que comprenda que lo que se tiene cuesta esfuerzo conseguirlo y que es necesario trabajar, tener un oficio o desarrollar una profesión para obtener el sustento, no es fácil en el mundo actual. En el transcurso de la...

La apariencia no engaña al #Refraneroprotocolero

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Comportamiento del heredero en el #Refraneroprotocolero

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Vacaciones como las de antaño

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Pretender sin méritos en el #Refraneroprotocolero

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MENUMENU

Preparando el guión para el Kiosko de Protocolo de ayer en Europeamedia en el que hablamos de la festividad de San Isidro y todo lo que la rodea: pradera, agua, rosquillas, bailes, verbenas, trajes de chulapa y chulapo, etc. encontré referencias a tres personajes femeninos muy castizos: Majas, Manolas y Chulas. Como no tenía muy clara la diferencia, decidí investigar un poco más sobre estos tres tipos de mujer propios de finales del XVIII y siglo XIX, y que han llegado a nosotros a través de cuadros de pintores como Mengs o Goya. Todas ellas, las del pueblo llano (no las duquesas vestidas de majas) eran  mujeres trabajadoras (carniceras, verduleras, castañeras, cerilleras, sastras, etc.), que mantenían a sus familias (marido incluído) y que al terminar la jornada y los días de fiesta, vestían sus mejores galas para salir a a calle ya fuera para ir a misa, procesión o bailes y verbenas.

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Esa etiqueta a la que me refiero aparece descrita en un libro de 1889. Majas, manolas y chulas: historia, tipos y costumbres de antaño y ogaño, de Enrique Rodríguez Solís que pueden consultar en la Biblioteca Digital Hispánica.

Maja: frente erguida, pecho elevado y talle recogido

La maja necesitaba estas características de su figura  para lucir: “moña de seda y plata; rico jubón de raso; saya corta adornada de azabaches y abalorios; graciosa mantilla caída sobre el cuello; media de seda y zapato de terciopelo (…) ; magníficos pendientes (…) sortijas (…)” y empuñar además “esa arma terrible (…) que se llama abanico“.

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Manola: gracia, donaire y malicia

Para llevar su traje de gala una manola necesitaba de las dos características primeras –gracia y donaire– ya que la malicia la reservaba para sus dichos cargados de segundas intenciones. En su vestimenta no faltaban: “peineta de concha, lisa, alta y acanalada sosteniendo un ancho rodete de trenzas, chatas de 7 cabos (…); mantilla de tira, ribeteada de anchas cintas de finísimo terciopelo (…); pañolito (…) de crespón de China, con bordado de colores y largo fleco; y las puntas anudadas a la cintura (…) delantal de fular (…). Saya con volantes de percal inglés, marcando las caderas y lo suficientemente corta para dejar ver los bajos de encaje de una blanquísima enagua (…) media de seda  (…) y un zapato de tabinete, de pala puntiaguda y muy baja“.

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Chula: estatura mediana e ingenio natural

Chaqueta negra; linda falda de percal o lana (…) enagua blanquísima (…) media blanca (…) elegantes botines de color azul o naranja la caña y el chanclo de charol, lleno de pespuntes; pañuelo de seda a la cabeza, recogido en las sienes (…) cubriendo la punta de atrás con el pañolón (…) negro, bordado en sedas (…) airosa mantilla“.

Cada uno de estos tipos de mujer tenía a su lado un tipo de hombre, del que hablaremos otro día.

 

Fuente del texto: libro citado.

Fuente imágenes: Biblioteca Digital Hispánica, Hemeroteca Digital (La Ilustración española y americana).

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