«¡No sin mi hijo!», sobre la integración de los niños en la vida social de los padres (I) [Revisión]

«¡No sin mi hijo!», sobre la integración de los niños en la vida social de los padres es la revisión de una entrada que, con el título: «¡No sin mi hijo!», sobre niños y vida social de los padres, publiqué en Protocol Bloggers Point el 4 de noviembre de 2015. Toda...

Veraneo y veraneantes de principios del siglo XX

Verano extraño el que nos tocará este año, aunque no nos podamos mover de casa o de nuestro entorno habitual, el calor hace pensar a los veraneantes en playas, arena, olas rizadas, largos paseos por senderos, altas montañas o simplemente pasar la tarde a la sombra...

Ceremonial para el acto solemne de Jura como heredera de la Corona

El 20 de junio de 1833 tuvo lugar la jura de la Serenísima Infanta Doña María Isabel Luisa como princesa heredera de la Corona de España en la Iglesia de los Jerónimos de Madrid. El ceremonial de dicho acto solemne fue aprobado por el rey Fernando VII y está recogido...

Devoción -o fingimiento-, etiqueta, elegancia y gastronomía son las palabras que han acudido a mi mente al leer esta crónica de Semana Santa que escribía Don José Fernández Bremón en La Ilustración Española y Americana de 30 de marzo de 1877, que les reproduzco a continuación.

En la participación en los ritos y ceremonias religiosas siempre hay algo de verdad y de mentira; formas de comportarse consecuentes e hipócritas; sentimientos reales y simulados, etc. Actitud, maneras, forma de vestir, incluso en el comer, marco ideal para poner en marcha el juego de realidad y apariencia.

Palmas rizadas y coquetonas (…) mantos airosos cuyos pliegues caigan graciosamente sobre el cuerpo, para asistir a Las Tinieblas, y en que se destaque el rostro de blancura artificial, que contemplan los galanes a la altura del altar; trajes negros con cabos de color y guante blanco para visitar de cumplido las iglesias; lutos voluptuosos de raso y terciopelo bajo los cuales lucen otros atractivos tentadores y profanos; amor y duelo; elegancia y devoción; santidad y carne; altares enlutados y rostros blanqueados; rizos y miradas furtivas; misticismo o indiferencia; mucha gente; poca fe; armas a la funerala y soldados risueños; silencio y compostura, porque no ruedan los carruajes y han enmudecido las campanas de los templos, escandalizando las de los relojes; un paseo improvisado en que damas y galanes cruzan mirándose en silencio (…).

Las iglesias tienen demasiada animación, como lugares a que se cita con tarjeta; el golpear de las monedas contrasta con el silencio de los tempos; las alhajas que brilla entre el cabello, y el encaje que cae sobre los hombros de las lindas postulantes, humilla las imágenes del Redentor, sobre cuya frente solo se ve la corona de espinas; no hay teatros, fuerza es acudir a los sermones; no hay conciertos, y se va a oír el Slabat Mater.

Ya en casa, prosiguen las mortificaciones, sustituyendo la ternera con salmón, la caza con la pesca, la mantequilla con las ostras, y variando de vinos por decoro. Los primeros espárragos, las más prematuras alcachofas,  las fresas más tempranas, recuerdan la ascética austeridad de los anacoretas, que se alimentaban de hisopo y aceitunas. Se suspenden las tertulias y las gentes se acuestan más temprano.

Esta es la Semana Santa (…) descrita a grandes rasgos. A fuerza de perfumes y adornos se desvía en lo posible la imaginación de los misterios que la Iglesia conmemora; con todos los encantos de la vida se procura olvidar la idea de la muerte. En la dama elegante, que sonríe a los amigos en nombre de los pobres, a dos pasos del Sepulcro de Jesucristo, está simbolizada la sociedad actual, que procura dar amenidad a la tristeza”

La Ilustración Española y Americana, 30 de marzo de 1877. Crónica General. José Fernández Bremón

Vivimos una Semana Santa diferente, aprovechemos este tiempo para reflexionar.

Fuente de la imagen destacada: “La Semana Santa en Andalucía” (1904), José Pueyo Matanza. Museo Nacional del Prado.

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