La mujer de negocios en 1874

Una mujer de negocios en 1874 ¿nos la podemos imaginar? Pues existían y Adela Ginés Ortiz la describe en su libro "Tipos y Caracteres de la Mujer" (apuntes para un álbum del bello sexo) un libro que me acaban de regalar y que ya está en mi anaquel junto al resto de la...

Funeral de Estado para un expresidente de los Estados Unidos

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Bandera 175 – Constitución 40, estamos de cumpleaños

Este año 2018 la bandera de España cumple 175 años y la Constitución 40, estamos de cumpleaños. Para celebrar la efemérides este blog buscará el punto de conexión entre ambas. La bandera en la Constitución de 1978 En diciembre de 2018 publiqué en este blog un post...
MENUMENU

Hace unos días compartía un post sobre las ventajas de escribir a mano, porque nos ayuda a concentrarnos, a repensar lo que escribimos, a razonar, y eso me ha hecho pensar en que hubo un tiempo en el que el intercambio de correspondencia era lo más habitual.

Escribir cartas era habitual y se escribían para todo. Las dos que les incluyo aquí como ejemplo eran habituales hace un siglo. Si un caballero deseaba formalizar su relación con una señorita, le escribía al padre solicitándole autorización; si por algún motivo deseaba romper esa relación, también se lo comunicaba por escrito al padre, manifestándole su pesar por la ruptura. Un derroche de buenas maneras, todo muy educado y elegante; para quienes no tuvieran el don de la palabra escrita, había libros como “El Consultor de los Enamorados“, que le echaba una mano al que era parco en prosa y le urgía autorización para el cortejo o necesitaba con premura comunicarle a su ex futuro padre político que su hija se iba a quedar “compuesta y sin novio“.

consultor-enamorados

Carta 1: autorización para el cortejo. La pareja ya tenía una relación que se quería “formalizar” y además el futuro novio tenía  el “consentimiento” de la joven para dar este paso.

Línea de saludo y despedida son muy formales: “Respetable señor mío” es una expresión muy formal, le hace saber al futuro suegro la consideración que le tiene. Y la despedida en abreviaturas: s. (su) s. (servidor) q. (que) l. (le) b. (besa) l. (la) m. (mano), es una señal de máximo respeto.

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Carta 2: ruptura de relaciones. Lo que en un momento creyó que era amor, al final no lo era y después de “hondas y serias reflexiones” (ya hemos dicho que escribir a mano permite la reflexión, y como) es consciente de que él y ella  no habían “nacido” para entenderse porque sus “caracteres no se avienen” (lo que la prensa rosa hoy día llama “diferencias irreconciliables” o “incompatibilidad de caracteres“). Eso si, habla maravillas de la joven, por si es necesario que el padre muestre esta carta a otro pretendiente: dotes, cualidades …. ¿y cómo es que no dice nada de su belleza? (es la reflexión que me he permitido hacer mientras escribo este post).  Ahí lo dejo, para que reflexionen ustedes.

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Fuente para el texto:

El Consultor de los Enamorados

Fotografía portada libro:

Captura de pantalla Biblioteca Nacional

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