Prendas de cabeza que nos traen de cabeza.

Tomo prestada del ámbito militar la expresión “prendas de cabeza” que me viene como anillo al dedo para el juego de palabras en título de este post. Las tres palabras: cofia, tocado y sombrero hacen referencia a tres tipos de prendas que se utilizan para cubrir...

Ante la duda, tratar de usted ayuda; el tuteo no iguala [Revisión]

Ante la duda, tratar de usted ayuda, es la revisión de un post publicado el 20 de enero de 2016, como post de opinión por la autora de este blog en Protocol Bloggers Point. Usted, ese tratamiento infrautilizado El usted, como tratamiento de cortesía, se está...

Vexilología en septiembre

Durante el mes de septiembre y la primera semana de octubre he tenido el privilegio de asistir al XX Curso de Vexilología que organiza el Instituto de Historia y Cultura Militar del Ministerio de Defensa. Han leído bien, he dicho “privilegio”, porque privilegio...

Hace unos días compartía un post sobre las ventajas de escribir a mano, porque nos ayuda a concentrarnos, a repensar lo que escribimos, a razonar, y eso me ha hecho pensar en que hubo un tiempo en el que el intercambio de correspondencia era lo más habitual.

Escribir cartas era habitual y se escribían para todo. Las dos que les incluyo aquí como ejemplo eran habituales hace un siglo. Si un caballero deseaba formalizar su relación con una señorita, le escribía al padre solicitándole autorización; si por algún motivo deseaba romper esa relación, también se lo comunicaba por escrito al padre, manifestándole su pesar por la ruptura. Un derroche de buenas maneras, todo muy educado y elegante; para quienes no tuvieran el don de la palabra escrita, había libros como “El Consultor de los Enamorados“, que le echaba una mano al que era parco en prosa y le urgía autorización para el cortejo o necesitaba con premura comunicarle a su ex futuro padre político que su hija se iba a quedar “compuesta y sin novio“.

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Carta 1: autorización para el cortejo. La pareja ya tenía una relación que se quería “formalizar” y además el futuro novio tenía  el “consentimiento” de la joven para dar este paso.

Línea de saludo y despedida son muy formales: “Respetable señor mío” es una expresión muy formal, le hace saber al futuro suegro la consideración que le tiene. Y la despedida en abreviaturas: s. (su) s. (servidor) q. (que) l. (le) b. (besa) l. (la) m. (mano), es una señal de máximo respeto.

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Carta 2: ruptura de relaciones. Lo que en un momento creyó que era amor, al final no lo era y después de “hondas y serias reflexiones” (ya hemos dicho que escribir a mano permite la reflexión, y como) es consciente de que él y ella  no habían “nacido” para entenderse porque sus “caracteres no se avienen” (lo que la prensa rosa hoy día llama “diferencias irreconciliables” o “incompatibilidad de caracteres“). Eso si, habla maravillas de la joven, por si es necesario que el padre muestre esta carta a otro pretendiente: dotes, cualidades …. ¿y cómo es que no dice nada de su belleza? (es la reflexión que me he permitido hacer mientras escribo este post).  Ahí lo dejo, para que reflexionen ustedes.

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Fuente para el texto:

El Consultor de los Enamorados

Fotografía portada libro:

Captura de pantalla Biblioteca Nacional

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