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Costumbres en Todos los Santos (1899)

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Abrimos la temporada tras el descanso vacacional y nada mejor que hacerlo como antaño, con el inicio de la ball season, o la temporada de bailes de etiqueta.

Con la curiosidad propia de quien no ha vivido esa época, leo un artículo de febrero de 1904 en una publicación mensual de la época: “La mujer en su casa” (si, a mi tampoco me gusta el nombre, pero recordemos que es de principios del siglo XX), y de ahí extraigo lo siguiente:

Decálogo para organizar un baile de etiqueta

Espacio: en lo que respecta a este, lo primero y más importante era disponer de una casa con un gran salón y un gran hall. Cuando no se dispusiese de esas piezas de gran amplitud la revista aconseja no organizar un baile porque no había nada más “desagradable [que] reunir [a los invitados] para tenerlos apiñados en dos o tres habitaciones pequeñas”.

Iluminación. -Había que procurar que fuese brillante. Del número de luces dependía, en la mayoría de los casos “el éxito y la alegría de la fiesta”.

Decoración floral. –Aconsejaba la revista distribuir con arte “flores y plantas verdes” y en el salón “unos cuantos arbustos en sus macetones para [ocultar] a los músicos”.

Guardarropa. Habría de estar situado “en una de las piezas inmediatas a la antesala o recibimiento”. Debería estar  atendido por uno o dos criados encargados de recoger los abrigos y “colocarlos ordenadamente por números, a fin de que no haya confusión cuando los reclamen sus dueños”.

Tocador:- Instalado en una habitación situada al lado del salón de baile, debería estar atendido por una doncella-costurera, quien, con buen arte y diligencia repararía “un volante que se engancha, un lazo que se descose, alguna horquilla del peinado”. Recomendaba en todo caso, provisión abundante de horquillas y alfileres en el tocador.

Comedor:- En el que se dispondría el buffet.

Invitaciones.- Redactadas en tarjetas (que había que enviar aunque se hubiera hecho invitación verbal) de “buena cartulina”, bastante grandes y lisas. Las invitaciones se enviaban como mínimo quince días antes “para dar tiempo de combinar sus trajes a los invitados”. Si el baile tenía un motivo especial había que incluirlo en la invitación, y así se señalaría: “baile de blanco, baile de rosa, de trajes, de máscaras, etc.”.

Etiqueta.- En el traje y sus complementos es donde más incide la revista. Son los consejos sobre etiqueta los que centran la atención de la publicación.

 La etiqueta para las señoras: vestidos escotados a las casadas, no así a las señoritas, que por regla general eran delgadas y no parecía de buen efecto “lucir huesos”.  Complementos indispensables: abanico y carnet de baile.

Los caballeros debían vestir de frac: “pantalón negro, zapatos de charol y calcetines de seda negros, chaleco blanco o negro, corbata blanca, guantes blancos y una flor, también blanca, en el ojal”. Su complemento: el sombrero de copa que, o bien se dejaba en el guardarropa, o, si era plegable, se tenía en la mano y “al bailar se deja en la silla de su pareja para conservar el sitio

Puntualidad.- Considerada de rigor para un banquete no lo era tanto para un baile. Para el baile se aconsejaba “no llegar muy pronto [porque] el apresuramiento se consideraba “de mal tono”. En todo caso, si era una señora la que iba sola a un baile, se recomendaba que llegase pronto “para pasar desapercibida”.

Comportamiento social.- Los consejos de la revista van dirigidos a los anfitriones; si no querían parecer descorteses deberían:  recibir a sus invitados “a la entrada del salón”, agradecer su presencia teniendo “para cada uno una palabra afectuosa”; realizar las presentaciones oportunas entre sus invitados “presentar a los amigos antiguos a los que vienen por primera vez” para que socialicen y no estén “aislados en medio de una concurrencia desconocida”.

Manejando este decálogo era imposible errar en la organización del baile. Como vemos toda una lección de organización de actos y, sobre todo, de comportamiento social, con la magnífica descripción de las obligaciones del anfitrión (por las que, como hemos podido comprobar, no pasa el tiempo ni la moda).

Ilustración: La Moda Elegante 6-1-1899

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