Etiqueta de boda en el #refraneroprotocolero

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Primera Comunión, Sacramento. Palabras CVI

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De palique con el embajador en el Anaquel L

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MENUMENU

Cerramos el mes de enero con otro tema sobre la boda de Alfonso XII y María de las Mercedes de Orleans, el relativo a los “regalos” que se hicieron para conmemorar el enlace. Porque no solo los novios recibieron regalos, hubo distintos colectivos que con ocasión de la celebración recibieron distintos obsequios: donativos, nombramientos, becas, condecoraciones, títulos, indultos, etc. Todas esas dádivas se fueron recogiendo en Reales Órdenes que publicaba la Gaceta de Madrid, y dos de ellas -cuyo contenido habla de caridad y perdón– son las que vamos a comentar aquí.

Real Orden de 20 de enero de 1878: el Banco de España dona 125.000 pesetas

Han leído bien. 125.000 pesetas (500.000 reales) se donaron a través del Banco de España y se dedicaron a favorecer “la Instrucción, el trabajo” y la atención “al desvalido y menesteroso“. La Real Orden publica un listado con los destinatarios de ese medio millón de reales, incluyendo la cantidad que se donaba a cada colectivo favorecido por el Banco en nombre de la real pareja.

La lista es curiosa. De entrada se daban 40.000 pesetas a las “sucursales” del banco para aplicar a los fines señalados en el párrafo anterior, según las necesidades de la localidad en que estuviera la sucursal. Esto dejaba en el aire una cantidad importante de dinero que se utilizaba a discreción de quien la recibía.

Instrucción y trabajo se llevaban el grueso del donativo, ya que a estos fines se destinaban 89.850 pesetas (en realidad 49.850, descontando las 40.000 del párrafo anterior). El dinero se destinaba a becas para alumnos pobres y con buenas notas; sostenimiento de parroquias; entierros de pobres; matrimonios de pobres (dinero que gestionaba la “Asociación del Pecado Mortal“) y adquisición de máquinas de coser que se distribuirían ente familias necesitadas.

Los asilos recibían 14.000 pesetas y los veinticinco conventos de Madrid, 6.150. Establecimiento públicos como el Hospital Provincial, el Hospicio o la Inclusa, 15.000 pesetas.

Como les decía el listado es muy curioso, si le quieren echar un vistazo lo pueden leer en la Gaceta Histórica.

El rey agradecía al Banco tan generoso donativo y pedía que ese agradecimiento se hiciera público mediante la publicación en la Gaceta de Madrid.

Real Decreto de 23 de enero de 1878: el perdón mediante el indulto

En su exposición de motivos la Real Orden expresa la causa por la que se dicta la misma: “Queriendo solemnizar el fausto suceso de mi enlace con. mi muy cara y amada Prima la Infanta Doña María de las Mercedes con un acto de clemencia en favor de los que han tenido la desgracia de merecer el fallo severo de la ley, llevando de este modo el consuelo a numerosas familias afligidas“.

La clemencia, el perdón llegaba para los que estaban presos por delitos que llevasen aparejada pena de arresto mayor y destierro por tiempo no superior a un año; penas pecuniarias que obligasen a estar preso por insolvencia; a quienes les faltase un año o menos para terminar de cumplir la condena (siempre que hubieran dado muestra de arrepentimiento y su conducta había sido buena). A los que no estuvieran incluidos en estos casos se les rebajaba 1/5 la condena.

No a todos se les otorgaba el indulto, había categorías que quedaban expresamente fuera: los reincidentes y aquellos que habían cometido delitos de “traición, lesa majestad, falsedad de documentos públicos o de documentos privados con perjuicio de tercera persona o del Estado, prevaricación, cohecho, malversación de caudales públicos, fraudes y exacciones ilegales, homicidio, parricidio, asesinato, violación, robo, hurto, estafa, incendio, contrabando y defraudación a la Hacienda pública“.

El perdón también llegaba a los “desertores de primera vez y a los prófugos“- mediante una Real Orden de 22 de enero de 1878- siempre y cuando se presentasen ante las autoridades competentes en el plazo reglamentario de dos meses en la península, cuatro en el extranjero y seis en Ultramar.

Un enlace real en la España del último cuarto del siglo XIX tenía efectos colaterales beneficiosos para ciertos colectivos, que de esa forma tendrían una deuda de gratitud con los nuevos esposos, aunque realmente el dinero salía de la Hacienda Pública a la que en mayor o menor medida contribuían todos los ciudadanos.

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