Hace unas semanas comentábamos en El Kiosko del Protocolo el comunicado con el que se  daba a conocer la separación de la Infanta Doña Cristina. La frase utilizada – “interrumpir su relación matrimonial”- nos recordaba otra similar -“cese temporal de su convivencia matrimonial”- utilizada cuando se comunicó la separación de la Infanta Doña Elena. Tras la frase artificiosa lo que se esconde es un hecho común para el resto de los mortales: el de una separación matrimonial. A mayor abundamiento, que se dice en mi otra profesión, María de la Serna, con su agudeza habitual, añadió unos ejemplos  de uso del lenguaje alambicado para dar a conocer ciertas noticias relacionadas con las personas de sexo femenino en las Casas Reales. Señalaba que, ante el futuro nacimiento de un bebé, las reinas no están embarazadas, si no encintas; y cuando llega el momento del parto, ellas no dan a luz, si no que alumbran. De ese comentario –que agradezco infinito-surgió la entrada de hoy: la reina encinta que alumbró un neófito.

Vivimos en la época de las frases cortas y directas, de palabras sencillas y expresiones de fácil comprensión y más en un comunicado de prensa. Se trata de que el resto de los mortales lo entendamos de forma rápida ¿o no? Bueno, lo mismo de lo que se trataba era de entretenernos y que nos fijásemos más en el lenguaje utilizado en el comunicado, que en las fotos del ex duque paseando del brazo con una señora que no era la suya, quién sabe.

En fin, en pleno siglo XXI, los artificios del lenguaje resultan tan chocantes como ridículos. Es como si los miembros de las Casas Reales fuesen habitantes de una Arcadia feliz, en la que no se pudiesen pronunciar una serie de palabras pues su solo sonido rompería el encanto de ese ambiente idílico y, lo más peligroso, les acercaría al resto de los mortales.

El empleo de un eufemismo –“manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante” (RAE)- en esta situación está fuera de lugar. No creo que a nadie le parezca indecorosa la palabra “separación”, ni la expresión “separación matrimonial” le resulte malsonante. Conocer la separación de una pareja nos puede dar más o menos pena o sernos totalmente indiferente, pero si algún amigo nos dice que se va a separar y para ello utiliza la expresión “interrumpir la relación matrimonial”, seguro que nos da la risa.

Pero vayamos a las palabras del título de esta entrada, esas que se utilizaban al hablar de un embarazo real (real por ser de la realeza, se entiende).

Encinta: Del lat. tardío incincta, y este del lat. Inciens, -entis “preñada”, al haberse reinterpretado incincta “ceñida” como “desceñida”, de in- “in” y cincta “ceñida”, por alusión a  la dificultad de las embarazadas para ceñirse fuertemente. Dicho de una mujer: preñada.

Alumbrar: Del lat. Illuminare. Parir o dar a luz un hijo.

Neófito: Del lat. tardío neophytus. Persona recién incorporada a una agrupación o colectividad

Y también otras tres relacionadas con la forma de dar esa noticia:

Subterfugio: Efugio, escapatoria, excusa artificiosa.

Eufemismo: Del lat. euphemismus. Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante.

Alambicado: (alambicar) Complicar excesivamente el lenguaje, el estilo, los conceptos, etc.

A modo de conclusión: con el  lenguaje también se marca la distancia (o al menos se intenta).

Fuente definiciones: Diccionario de la Lengua Española (Real Academia de la Lengua).

Fuente imagen destacada: Itziar de la Serna

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