Datando un besamanos en tiempos de Carlos IV

La Ilustración Española y Americana de 15 de noviembre de 1887 incluye un grabado que reproduce el cuadro “Un besamanos en el Real Palacio de Madrid reinando Carlos IV” (1804) de Luis Alvarez. En la sección Nuestros Grabados da una referencia de ese acto protocolario...

Marqués serás para siempre jamás

Aunque el título de este post, “Marqués para siempre jamás”, pueda sonar a fin de cuento infantil, no lo es. En este post hablaremos de la concesión de un título nobiliario a finales del Siglo de Oro. El rey que lo concedió fue Carlos II y el acreedor de tal honor:...

Curso de Gramática Parda, el Anaquel nos enseña a vivir del cuento

El Curso Completo de Gramática Parda, dividido en quince lecciones, en las que se dan reglas fijas para que cualquiera pueda vivir sin tener necesidad de trabajar. Escrito por el Bachiller Cantaclaro. El manual que tengo en mi Anaquel, es un librito de 1865. En la...

El comportamiento del heredero  ya sea este quien esperando la herencia no ha hecho precisamente méritos para recibirla (el hijo que desatiende a sus padres, por ejemplo) o quien no esperándola  la recibe por ser el único pariente con derecho a ello (aunque no conociese al causante ni hubiera hecho intento de conocerle en vida) son conductas que no escapan a nuestro refranero. La forma de actuar de  ambos aparece aquí recogida en sentido figurado,  al referirse al modo de expresar el duelo: poco dolor ante el fallecimiento de alguien, por quien no se siente nada y  la necesidad de mostrar a la sociedad que la pérdida de esa persona importa, a riesgo de que de no hacerlo suponga ser tachado de ingrato.

El cariño que sentimos por alguien no se mide con la cantidad de lágrimas que derramamos cuando fallece, por supuesto que no. No es a estas personas a quien se refiere este refrán; es a otros a los que va dirigido: a quienes nunca manifestaron el menor cariño por quien les hace herederos y deben mostrar un mínimo sentimiento ante los demás.

En la vida de relación social siempre ha sido importante guardar las formas y en las manifestaciones de duelo, también. El dolor sincero por la pérdida es alabado por el refranero, y la pena, el dolor que produce el sentimiento grande de tristeza que supone la pérdida de un ser querido se manifiesta a menudo en forma de lágrimas (aunque al hablar en sentido figurado las lágrimas se pueden interpretar como: pesadumbre, padecimiento o tristeza). El refranero entiende que esas las lágrimas del  heredero son “lágrimas de cocodrilo”, aquellas que derrama quien finge un dolor que no siente.

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