Lucir una distinción con distinción

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Flámula, gonfalón y grímpola; tres palabras, tres vexilos

La Vexilología estudia la evolución y diseño de las enseñas: banderas, pendones, estandartes etc. Muchas palabras describen la forma, uso y significado de esos vexilos, en este blog las iremos repasando, empezando por estas tres: grímpola, gonfalón y flámula. Todas...

Este verano me he dedicado a ordenar el anaquel y he encontrado algunos “tesorillos” como este del que les voy a hablar a continuación: Virtud y Cortesía de José Roca Ruscalleda (1899). El libro me viene como anillo al dedo porque estamos en plena vuelta al cole y si el lunes pasado inaugurábamos colegio en este blog, hoy les damos unos consejos de urbanidad a los escolares.

Los pilares de la urbanidad

Comienza el capítulo dedicado al Urbanidad con esta reflexión: “… si queremos que el cumplimento de nuestros deberes para con la sociedad arraigue de un modo fuerte, precisa que la educación resplandezca en todas nuestras acciones”. La educación a la que hace referencia el autor del libro está fundamentada en un principio: agradar; y lo básico para agradar:

Lo que no quieras para ti, no lo hagas a otro […] haz a los demás lo que deseas que se haga contigo

Los niños deben poner especial interés en que “su trato y relaciones sean todo lo finos y amables posible; a cuyo fin tendrán presentes las Reglas de urbanidad, las cuales enseñan a presentarnos ante nuestros semejantes de una manera cortés, agradable y digna”.

La urbanidad se aprende observando

El autor del libro señala que la mejor forma para aprender las reglas de urbanidad es mediante la observación de quienes las ponen en práctica debidamente. Entre las reglas de urbanidad que se plantean en este capítulo destacamos las siguientes:

Respeto y amor a los padres. ¿Cómo se manifiesta? “Al levantarse de la cama, luego de pedida gracia al Señor, les toca a los hijos besar la mano a sus padres, preguntándoles que tal han pasado la noche y si tienen algo que mandar”. Hoy nos conformamos con que al levantarse nos den los buenos días y se sienten a la mesa para desayunar; claro que para que lo hagan habría que predicar con el ejemplo y eso cuesta.

Nos recuerda el autor que: “Los individuos de una misma familia deben tratarse con toda sinceridad y confianza posibles, no olvidando de tributar veneración especial a los ancianos y mayores de edad, autoridad, saber o dignidad”. Los niños hacen lo que ven y si te ven faltarle al respeto a tus padres, reírte de tus amigos cuando no están presentes, ningunear a los profesores, etc. ¡¡ellos van a hacer lo mismo!!

En la escuela: silencio y compostura. El silencio es fundamental “para aprovecharse de las explicaciones sin estorbar jamás a sus compañeros”. Todo un reto a todos los niveles.

Trato con profesores, director, encargados y condiscípulos: “la mayor consideración, respeto y benevolencia”.

El aseo un must del comportamiento social

El aseo y la limpieza son fundamentales en nuestra vida de relación social; el autor nos lo recuerda cuando nos recuerda que “predisponen a favor a todos los que tratan al aseado y pulcro”. Para estar aseado nada como seguir estas indicaciones:

  • Limpieza de todo el cuerpo en general, tanto de lo que se presenta a la vista como lo que no.
  • Hay que peinarse.
  • Orejas, ojos, narices, cuello y uñas: limpieza frecuente.
  • Los dientes hay que limpiarlos después de las comidas (y si llevas aparato corrector mucho más).
  • Vestimenta limpia.

La limpieza también alcanza al material escolar: “no rasgar (…) libros y cuadernos”; presentar los trabajos “sin dobleces, manchas o borrones que los afeen”. Hoy en día añadiríamos: no chupar ni mordisquear lapiceros y bolígrafos e incluso no usar la tablet con los dedos impregnados en suciedad (también para nota).

Es en la mesa donde los modales se practican y observan

En la mesa, el lugar donde se pone en práctica el comportamiento que se observa. Es por ello que el manual hace una recomendación fundamental: “comer siempre con finura estando en familia” de esa forma se interiorizan los modales y los podemos desplegar ante extraños con total normalidad.

Trayendo el consejo a nuestros días vemos que eso implica: sentarse a la mesa en la que previamente se han puesto los utensilios que se van a utilizar; comer todos al mismo tiempo para poder hacer cosas como enseñar a utilizar los cubiertos o la servilleta, por ejemplo.

No está demás recordar que:

  • Los niños no se sientan los primeros.
  • Aguardarán a que llegue su turno para ser servidos. Hoy en día es habitual escuchar eso de  “sirva primero a los niños que tienen hambre” y digo yo ¿no sería mejor que comiésemos todos un poco antes?. Tal vez podríamos comer todos juntos simplemente retrasando el reloj media hora.
  • Codos fuera de la mesa y servilleta sobre las rodillas.  En nuestros días lo de los codos parece una batalla perdida, niños cansados, aburridos, que se sujetan la cabeza para no quedarse dormidos. Chavales a los que no les prestamos atención y se aburren, que de todo hay. La servilleta sobre las rodillas, no en el suelo; claro que para enseñar cómo se hace esto hay que usar servilletas de tela y el papel ha hecho mucho daño en la mesa, si señor.
  • Si algo no gusta: se aparta a un lado del plato. Tengo una amiga que dice que para evitar el “esto no me gusta” de los niños hay que preparar: albóndigas, arroz a la cubana, macarrones y hamburguesa. Con estos manjares los niños nunca protestan. ¡Viva la dieta mediterránea!

Defectos que se notan mucho en la mesa: los sonoros. Sorber, masticar con la boca abierta, soplar, bostezar, etc.

Urbanidad y cortesía de la mano en el deporte y los saludos

Recomendaba nuestro autor que en el juego se debe practicar mucho la cortesía y no se debe nunca “manifestar alegría por haber ganado ni disgusto si se pierde”. Otro día les relataré mi impresión –desde el punto de vista de la urbanidad– de la primera y última vez que fui a un partido de fútbol de niños de 10 años.

Cuando se saluda a un desconocido “nos presentaremos con naturalidad, sin pretender singularizarnos [huyendo de] afectación, encogimiento, miradas demasiado directas y cualquier acción que indique descaro o grosería”.

Urbanidad, buenos modales y cortesía se aprenden en casa y se practican dentro y fuera de casa. No es necesario comprarse un libro y hacer un examen; simplemente con tener un poco de paciencia y predicar con el ejemplo es suficiente. A veces vamos muy justos de tiempo pero una vez al día en nuestra casa hagamos una comida en familia, hablemos de nuestro día, escuchemos al resto de los comensales, etc. Se aprende mucho en la mesa porque, como ya hemos dicho en este blog, en la mesa nuestros modales nos retratan.

El libro “Virtud y Cortesía” pueden encontrarlo digitalizado en la Biblioteca Digital Hispánica.

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