Verano extraño el que nos tocará este año, aunque no nos podamos mover de casa o de nuestro entorno habitual, el calor hace pensar a los veraneantes en playas, arena, olas rizadas, largos paseos por senderos, altas montañas o simplemente pasar la tarde a la sombra (mano sobre mano, que diría mi abuela).

El 1 de julio de 1925 el número 7 de la Revista de Viajes abría la publicación con estos párrafos que les transcribo:

Ha llegado la época tan deseada de las vacaciones que empezarán los últimos días de junio para terminar a finales de septiembre, como un paréntesis que se abre en el cotidiano vivir, lo mismo para el modesto empleado que para el laborioso burgués o para el linajudo aristócrata, que, como un remanso de paz para sus espíritus, buscan la tranquilidad tan necesaria para sus cuerpos, para luego reintegrarse con más bríos el empleado a su oficina, el burgués a su negocio y el aristócrata a sus finanzas o al noble servicio de las armas o las leras. Madrid, como otros grandes centros de actividad, se despuebla en esta época, yendo el éxodo hacia la montaña o hacia el mar.

Unos buscarán solaz a su espíritu en la montaña o en las playas modestas; otros, en las cosmopolitas playas de San Sebastián y Santander; otros en los granes centros internacionales de Deauville, Trouville, Ostende, Warnemünde, y los más afortunados hallarán en las montañas suizas el necesario descanso y solaz para su espíritu”.

Los veraneantes de 1925 buscaban lo que buscamos los veraneantes de 2020 casi un siglo más tarde: salir de lo cotidiano, descansar y recargar pilas para volver al trabajo. ¡Feliz verano y feliz descanso! ya sea en la playa, la montaña o en casa.

Fuente del texto: Revista de Viajes que podemos encontrar en la Hemeroteca Digital

Fuente de la imagen destacada: Biarritz (Paris) 1927, a nuestra disposición en la Biblioteca Digital Hispánica.

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