Una madrugá sevillana de 1882

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Chincha rabiña que mi madrina es Sisí (y la tuya no).

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MENUMENU

Retomamos las ceremonias que se producían entorno a la muerte de un rey de los Austrias españoles, ceremonias cargadas de protocolo, como la que vamos a ver hoy.

A principios de verano dejamos a nuestro rey –un Felipe (nombre que dominó el siglo de referencia)- muerto y enterrado y a sus súbditos rezando por la salvación de su alma. La siguiente ceremonia, protocolaria cien por cien son las honras fúnebres, a celebrar en una iglesia de la sede de la monarquía, aunque se celebraban por todo el territorio hispano y sus colonias.

La iglesia que acogería esas honras se decoraba tanto en el exterior como en el interior: con “telas de oro, damasco y terciopelos negros” y la nave hasta la puerta con paños negros. El suelo y los bancos de los grandes “de bayetas” (Rodríguez Villa, 1918:151).  El luto se hacía así presente, los asistentes estaban allí para celebrar un acto religioso muy solemne en recuerdo del rey fallecido.

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El exterior del templo se enlutaba, para ello se tapaba “con colgaduras negras (…) jeroglíficos y epitafios latinos (…) arquitecturas pintadas (…) bajo doseles también negros se colocaban las armas reales o los emblemas de la corporación organizadora” Varela (1990:109).

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Siguiendo a este mismo autor y a Rodríguez Villa (1918) vamos a acceder al templo, por la nave central, el lugar de tránsito del templo, que aparece cubierta de paños negros (bancos y suelo incluidos) sirviendo la calidad del paño para mostrar el rango de quien lo ocupaba, a mayor calidad, mayor rango (el mensaje para el que lo observaba era: el de mayor cercanía al altar, mayor poder y mayor apoyo a la dinastía) y también “cuadros alusivos a sus hechos –del monarca- más sobresalientes” así como “medallones, cornucopias, jeroglíficos, calaveras” (Varela, 1990:110) destinados a centrar la atención de los asistentes en la grandeza de aquel en cuyo recuerdo se realizaba la ceremonia.

Atravesando la nave central se llegaba al  altar mayor, que también se cubría con cortinas negras, allí,  en la capilla mayor – según descripción que hace Rodríguez Villa (1918) en las Etiquetas de la Casa de Austria– se montaba un túmulo con columnas y techado, que se adornaba con trofeos; en su base se colocaba una grada de cuatro o cinco escalones sobre la que descansaba el catafalco. “Templos y túmulos fueron ornados mediante inscripciones, jeroglíficos y alegorías, pero más allá de la mera función decorativa, cumplieron una importante misión comunicativa” (León, 2010; 30) que veremos en el siguiente post.

  Fuentes imágenes:

Fuentes texto:

LEÓN PÉREZ, D. (2010): Las exequias reales en Madrid durante el primer tercio del siglo XVIII: corte y villa. León. Área de publicaciones de la Universidad de León.

RODRIGUEZ VILLA, A. (1915): Etiquetas de la Casa de Austria. Madrid. Jaime Ratés

VARELA, J. (1990): La muerte del rey. El ceremonial funerario de la monarquía española (1500-1885). Madrid. Turner.

 

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