Rigurosa etiqueta en un banquete fraternal con periodistas

Rigurosa etiqueta la que lucían los periodistas e invitados que asistieron a la cena ofrecida por periodistas españoles a sus homólogos portugueses. “Banquete fraternal” son las palabras que utiliza La Ilustración Española y Americana de 25 de mayo de 1871 para...

El gastrónomo rapsoda y entendido en arte que habita en el Anaquel

Un gastrónomo -persona aficionada al buen comer- que además es rapsoda -recita versos- y entendido en arte, no se encuentra todos los días. Si además sabe de decoración y servicio de mesa ¡¡es una joyita!! . Pero para joyita el libro: "La gastronomía o los placeres de...

La romería de San Isidro del Campo, una costumbre madrileña

El viernes es San Isidro y en Madrid no estamos de fiestas por primera vez en muchos años. Así que en este blog nos vamos a ir a un año en el que sí se celebraron. El 15 de mayo de 1875 La Ilustración Española y Americana, publicaba un grabado a toda página de Daniel...

Crónica de sociedad desde Biarriz, verano de 1890 es el título que me he permitido ponerle a la que firma el Abate en el semanario La última Moda de 17 de agosto de 1890.

Durante la temporada de verano el semanario incluía este tipo de crónicas con las que, por un lado, se ponía al día de lo que acontecía en las playas VIP del Norte de España y Sur de Francia a los que no habían podido viajar a aquellos lugares (por el motivo que fuese); y, por otro, se informaba a los que allí estaban de actividades de moda, lugares a visitar y otras personalidades que también paseaban por aquellas playas.

Esta crónica me ha gustado porque en sus dos párrafos iniciales –que les incluyo literal- habla con nostalgia del pasado de la ciudad, haciendo un resumen del Segundo Imperio Francés (1852-1870) en el que el hilo conductor son las desdichas de la Emperatriz Eugenia (Eugenia de Montijo).

¡Que equivocados están los que envidian a los poderosos de la tierra, a los que parecen gozar de todos los esplendores de la vida! No vengo ninguna vez a Biarritz, o contemplo sombrío y cerrado el bello palacio que levantó a orillas del mar la Emperatriz Eugenia en los días felices de su pasajera dicha, sin que se me figure que las olas que se rompen con estrépito al chocar con la terraza, murmuran la elegía que dice que humo las dichas de la vida son”.

¡Cuántas fiestas espléndidas en ese palacio! A él llegaban a rendir homenaje de respeto los más altos personajes; allí despachó asuntos de estado el que se creía fuerte y seguro en su trono; por aquella terraza corrió con la alegría de los niños, el que había de heredar cetro y corona, siendo una garantía para el porvenir”.

¿Qué queda de todo esto? La memoria de una gran derrota, el recuerdo tristísimo de una tragedia en que pereció un joven y una mujer desgraciada que llora sobre las losas de dos tumbas sus infortunios de esposa, sus amarguras de madre y sus tristezas de reina”.

Tras la lectura de los párrafos anteriores se me ocurre una moraleja: los ricos también lloran; así que de nada sirve envidiarlos porque también tienen sus desgracias. Sencillo ¿verdad?. Lo que pasa es que también me vienen a la memoria dos refranes: que les quiten lo “bailao” y los duelos con pan, son menos; el sabio refranero siempre encuentra la compensación.

Lo que de ninguna forma le negamos a quien hace esta crónica de sociedad es la precisión y concisión de su resumen histórico.

Finalizaba el cronista dando cuenta tanto de personajes que pasaban la temporada estival en Biarritz -amantes reales, personalidades de la nobleza y las finanzas que frecuentaban su casino- como de los últimos acontecimientos de las casas reales europeas, entre ellos la boda de la archiduquesa Valeria de Austria (hija de Sisí).

Imagen destacada extraída del libro: Guide de l’étranger a Biarritz (1870) en ejemplar digitalizado en la Biblioteca Digital Hispánica

error: Content is protected !!
Share This