El cortejo y ceremonial que se detalla en esta entrada fue el que se organizó el 31 de marzo de 1808 con motivo de la entrega de la espada de Francisco I de Francia al gran duque de Berg, quien a su vez se la haría llegar a Napoleón, emperador de Francia y rey de Italia en aquel momento. La Gaceta de Madrid de 5 de abril de aquel año recoge el ceremonial y los motivos que movieron a Fernando VII a realizar la entrega de una joya que se guardaba en la “armería real desde el año de 1525”.

¿Qué hacía en España la espada de un rey francés?

En la batalla de Pavía los ejércitos del emperador Carlos V –alemanes y españoles- vencieron al ejército francés del rey Francisco I, su primo. ¿Por qué nos peleábamos con los franceses si los reyes eran primos? Cosas de envidia entre familia. Un reino de  Francia rodeado por territorios de los Habsburgo y Carlos I de España recién nombrado Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (título que también quería para sí Francisco I) un poco de envidia le dió al rey francés, quien debió pensar que tanto territorio era excesivo para su primo el emperador y decidió anexionarse Milán. La recuperación del territorio mantuvo a nuestros ejércitos ocupados entre 1521-1526 y terminó con la batalla de Pavía en la que el rey francés fue hecho prisionero (capturado por tres hombres de armas del emperador, ante los que se identificó implorando que no le matasen y quienes le arrebataron el estoque).

El rey prisionero fue trasladado a Madrid donde firmó  el Tratado de Madrid mediante el cual renunciaba a los territorios anexionados. Tratado que, por supuesto, no respetó y siguió guerreando y confabulando contra su primo.

En 1808 los franceses estaban en España, como la espada y, en vez de esperar y tomarla “por las bravas” como hicieron con otros objetos durante la guerra de la Independencia, prefirieron humillar un poco al recién proclamado rey “pidiéndosela” como regalo.

Los deseos de Napoleón eran órdenes para Fernando VII

El texto que publica la Gaceta de Madrid no tiene desperdicio. Leyéndolo 212 años después podemos apreciar el “morro” que le echaba el francés: “S.M.I. el Emperador de los franceses y Rei de Italia gustaría de poseer la espada que Francisco I, Rei de Francia, rindió en la famosa batalla de Pavía1. Por si no quedase clara la pretensión de Napoleón, encargaba a quien la  transmitía “que lo hiciese así presente al Rei nuestro Señor”. También percibimos cómo le temblaban las piernas a Fernando VII para quién los deseos de Napoleón eran órdenes. Recordemos que Fernando VII reinaba en España desde hacía cinco días, previa su maniobra de “hacerle la cama” a su queridísimo padre, obligándole a abdicar ayudado por los franceses. La Gaceta indica que la decisión “remitir la mencionada espada a S.M.I. y R.”  fue inmediata, ya que Fernando VII gustaba de “aprovechar todas las ocasiones de manifestar a su íntimo aliado el Emperador de los franceses el alto aprecio que hace de su augusta persona, y la admiración que le inspiran sus inauditas hazañas” (buen rey no fue, pero a pelota no le ganaba nadie).

Rituales para transportar una espada

El mensajero

No podía haber buscado  Fernando VII un mensajero mejor para hacer llegar la espada a su admirado Napoleón que el gran duque de Berg “formado [al lado del emperador] y en su escuela, e ilustre por sus proezas y talentos militares” y que en aquellos días estaba en Madrid alojado en la casa del marqués de Astorga, caballerizo mayor del rey español.

El envoltorio

Un regalo para un emperador, no se envía de cualquier manera, había que mostrar el respeto y la consideración que el destinatario merecía por la estimación en que para él tenía al objeto que se le enviaba. Por tanto la espada se colocó “sobre una bandeja de plata, cubierta con un paño de seda de color punzó2, guarnecido de galón ancho brillante y fleco de oro”, como podemos comprobar el envoltorio no era un papel del chino de la esquina. Esta bandeja se introdujo en una carroza de gala  en la que viajó acompañada por el armero mayor honorario y su ayuda.

Coches, lacayos y guardia de Corps, un cortejo acompañando a la espada

Como no podía ser menos se organizó un cortejo para el traslado de la espada que partió desde el Palacio Real a las 12:00 horas en dirección a la casa palacio del marqués de Astorga.

La carroza de gala que llevaba la espada iba “conducida por un tiro de mulas, con guarniciones también de gala, y a cada uno de sus lados 3  lacayos del Rei con grandes libreas, como asimismo los cocheros”.

En otro coche “también con tiro y 2 lacayos a pie (…) iba el Excmo. Sr. caballerizo mayor, acompañado del Excmo. Sr. duque del Parque, teniente general de los reales exércitos, y capitán de reales guardias de Corps”.

Precedía a este coche “un correo de las reales caballerizas, y al estribo izquierdo iba el caballerizo de campo honorario”.

También se movilizó para el desplazamiento a los guardias de Corps, la Gaceta indica que “concurrió a este acto de orden de S.M. una partida de reales guardias de Corps, compuesta de un subrigadier, un cadete y 20 guardias, de los quales 4 rompían la marcha, y los demás seguían detrás de la carroza en que iba la espada”.

Con este cortejo como acompañamiento llegó la espada a la casa palacio del marqués de Astorga donde la esperaba el gran duque de Berg.

Entrega de la espada y vuelta a Palacio a reportar

Una vez llegaron a la casa del marqués de Astorga el armero mayor y su ayuda se apearon de la carroza, sacaron la bandeja con la espada y esperaron a que el caballerizo mayor y el capitán de la guardia verificasen que aquella era la espada que había salido de Palacio. Realizada la comprobación, los armeros llevaron la bandeja hasta la puerta del salón en el que esperaba el gran duque. Una vez en la puerta le entregaron la bandeja al marqués de Astorga quien accedió al salón y “después de entregar la carta que llevaba de parte del Rei nuestro Señor, y hecha una corta arenga, presentó al gran duque la bandeja con la espada”. El gran duque de Berg recibió el regalo “con el mayor agrado, contestando con otro expresivo discurso”.

Finalizada la ceremonia de la entrega “durante la qual permanecieron los guardias de Corps formados al frente del alojamiento, se restituyeron dichos Excmos. Sres. con el mismo aparato y escolta al real palacio,  a dar cuenta a S. M. de haber cumplido su comisión”.

A título personal

La espada  de Francisco I simbolizaba la victoria y la derrota, formaba parte del patrimonio real y ahora se puede ver en el Museo del Ejército de París.

Me quedo pensando al leer la real orden que publica la Gaceta en que la humillación de la entrega no fue acompañada del bochorno de tener que pedir perdón al pueblo de Francia por haberle quitado a su rey 300 años antes la espada (cosa que hoy está tan de moda). Aunque pienso que si Napoleón se lo hubiera pedido, Fernando VII lo hubiera hecho de mil amores.

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