“Los mejores anuncios en Madrid de la proximidad del Carnaval (…) son las comparsas de estudiantes que recorren en las primeras horas de la noche, y a contar desde mediados de Enero, las calles de esta (…) villa (…).

Son o no estudiantes, y aún puede asegurarse que ellos en su gran mayoría, o no han pisado las aulas de los colegios universitarios, o ahorcaron hace tiempo sus libros y su carrera; pero estudiantinas se llamaban antaño aquellos grupos de truhanes que salían de las universidades de Salamanca o de Alcalá de Henares, acompañados de guitarras, flautas y la necesaria pandereta, y mal cubiertos con un desgarrado manteo y un sucio tricornio, para correr la tuna por algunas ciudades de España,  y estudiantinas se siguen llamando ogaño esas comparsas que, en los alegres días del carnaval, vienen a ser una reminiscencia, aunque corregida y aumentada, de aquellas otras.

Impávidos van de veinte en fondo (…) por esas calles, desafiando los rigores de la estación: marchan primero los futuros postulantes, que suelen ser muchos, porque cuantos más haya en la comparsa, más bocas hay para pedir y más manos para recoger, y caminan después los que componen la banda (…).

Organizar una estudiantina deber ser un trabajo no difícil; pero formado ya el núcleo, la parte formal de ella, digámoslo así, la orquesta, lo demás es cosa baladí y bien sabida.

Luego, cuando llega el domingo de Carnaval, las estudiantinas comienzan su carrera real por las calles, que no termina hasta la madrugada del jueves siguiente (…)”.

Fuente: La Ilustración Española y Americana, 24 de febrero de 1873. Disponible en la Hemeroteca Digital.

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