Etiquetas

, , ,

Cuando “soltar” dinero se convierte en arte: la propina en el Anaquel (XLVIII)

Dar una propina se ha convertido en una muestra de buenos modales por parte de quien tiene el gesto y recibirla (o no) debería tener una reciprocidad. Dejar sobre la cuenta la cantidad apropiada se ha convertido en todo un arte ya que requiere acertar con la adecuada y eso rara vez se se consigue. Se peca por exceso, por defecto, por omisiónHay que tener en cuenta los factores que influyen en la propina: el lugar, la calidad producto, la calidad del servicio, el tiempo de espera, etc., no solo se valora la actitud de quien presta el servicio, si no toda una serie de condicionantes, por eso la persona física que la recibe casi nunca está satisfecha.

En el anaquel hay libros que se ocupan de la propina, uno de ellos, “Etiqueta Masculina” (1957) -traducción de  la inglesa Squire Etiquette, de Berstein, Button y otros- le dedica un capítulo completo, y es el que utilizaré para este post.

La propina o el arte de gratificar adecuadamente

Comienza el capítulo dedicado a la propina con una pequeña introducción en la que se habla de ese arte de gratificar adecuadamente en la que señala que hay dos extremos que se salen del mismo: el del exceso ostentoso (que azara a todos menos a quien la recoge) y el de quien se pasa por defecto (que ahorra dinero a quien la hace). Entre ambos extremos está “la propina justa“, y aún en este supuesto, la actitud de quien la da tiene también su importancia, porque da muestra de sus buenos o malos modales.

Clases de propina

Para los autores de Etiqueta Masculina (1957) había cinco clases de propina:

  1. Propina que significa “gracias por el servicio”. Era la propina habitual, independientemente de que el servicio fuese o no el adecuado. La que se dejaba incluso cuando se pensaba un “gracias por nada“. Si además había quedado muy satisfecho y dejaba más propina de lo que se consideraba habitual e incluso de lo que el que la recibía esperaba, recomendaba añadir un “Muchas gracias” mirando a los ojos a la persona a quien se le hacía entrega.                                                    
  2. Propina que significa “por favor tráteme bien”. Este tipo de propina tenía dos manifestaciones: la primera y ligada al punto anterior, era la que se producía cuando se era cliente de un lugar en el que se dejaban buenas propinas, la fama le precedía y condicionaba el buen trato desde el momento en el que se cruzaba el umbral. La segunda manifestación era la “propina anticipada“, utilizada cuando se llegaba a un lugar por primera vez y se quería conseguir una buena mesa, o algo especial, y para ello se deslizaba un billete -disimuladamente- en las manos de aquel a cuya merced se estaba.                                                                             
  3. Propinas protectoras. Aquí entraban las que se daban a alguien por vigilar objetos propiedad de quien las entregaba, por ejemplo el coche.
  4. Propinas “porque así se hace”. Las que se entregaban a otros prestadores de servicio que no eran los principales, por ejemplo, si se iba a un restaurante y una persona le recogía el abrigo o el paraguas a la entrada.
  5. Propinas insulto. Entre estas estaban la “no propina” y el dar propina a alguien que estaba por encima de ella, entre ellos: el propietario o gerente del establecimiento y empleados fijos del mismo; los empleados de las líneas aéreas y otros medios de transporte y los “profesionales“, “artesanos” o “personas con categoría de cuello duro y actividades de servicio personal”.

Si vas a dar propina: hazlo con elegancia

El debate de la propina está siempre abierto, genera controversias entre los que consideran normal dejar una gratificación por un servicio que les han prestado y los que están en desacuerdo porque consideran que a quien se le deja propina tiene un sueldo que recibe por hacer precisamente ese trabajo. El libro no entra en esa polémica, simplemente da unas indicaciones sobre cómo hacer la entrega satisfactoriamente, una vez se aceptan estos dos principios: que no importa lo que pensemos sobre dar propinas y que si no se hace con elegancia, se convierte en una grosería.

Dar una propina: la técnica tras el arte

El libro señala que hay una serie de técnicas muy útiles a la hora de dar propina y que todas coinciden en estos puntos:

Sencillez y razonable naturalidad en el gesto“, hay que tener en cuenta que no estás regalando tu casa o tu coche.

No hacer ostentación del dinero que se tiene: es decir, sin sacar un billete de 5€ de entre un fajo de billetes de 50€ a la vista de todos.

Hacerlo en privado y silenciosamente” y de forma personal.

Mirar al individuo al que se le da la propina (…) y darle las gracias“.

Elija siempre que pueda un billete. La moneda tintineante tiene siempre un sonido que … degrada“.

Y sonreir (…) como si sus sentimientos fueran sinceros”.

La propina generaba polémica en 1957 y la sigue generando. Seguimos incluyendo propinas, se siguen esperando propinas, seguimos protestando por tener que dar propinas. Tal y como dice el libro, una vez aceptamos “que no se puede demoler el sistema (de propinas)” ¿por qué no hacerlo con elegancia?.

Imágenes: Etiqueta Masculina (b/n), El rincón de Susu, Cómo crear empresa, Servicio al cliente, Imagui, Cristiancaricaturas

Anuncios