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Hoy es la festividad del Santo Patrón de nuestra ciudad: San Isidro Labrador. No vamos a hablar aquí de la vida y milagros del Santo, no es el lugar; aquí solo hablamos de protocolo y eventos, pero ¿cómo podemos enlazar a San Isidro con el protocolo y con los eventos? de una forma muy sencilla, yendo tres acontecimientos muy concretos que tuvieron lugar en un espacio muy corto de tiempo (tres años y bajo dos reyes distintos, Felipe III y Felipe IV): un viaje de sus restos a Casarrubios del Monte;  los  festejos conmemorativos de su beatificación celebrados en Madrid el 15 de mayo de 1620 y los de su canonización el 20 de junio de 1622.

protocolo eventos San Isidro

San Isidro fue beatificado por Paulo V el 14 de junio de 1619, aunque ya era patrón de la ciudad de 1212, y canonizado por Gregorio XV el 12 de marzo de 1622, junto a San Felipe Neri, Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola y  San Francisco Javier.

Primer acto: protocolo en el viaje a Casarrubios, noviembre de 1619

Nuestro Santo Patrón, ha tenido siempre una relación itinerante con la Casa de Austria o la de Borbón (y digo itinerante por los viajes que sus restos hacían a Palacio cada vez que un rey enfermaba o una reina se ponía de parto) y uno de estos fue el que hizo en noviembre de 1619, que llevó sus restos un poco más lejos, a Casarrubios (Toledo). ¿el motivo? la repentina -y grave- enfermedad del rey Felipe III a su regreso de las Cortes que se habían celebrado en Lisboa y que le obligaron a permanecer en esa población.

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El traslado de los restos del Santo de Madrid a Casarrubios requirió de un despliegue logístico y protocolar muy importante cuyo detalle extraemos de un libro de 1891, la Vida de San Isidro Labrador, patrón de la Corte y Villa de Madrid, de D. Gerardo Mullé de la Cerda. Señala este autor que la “lucidísima” procesión tardó 24 horas en llegar a su destino y en la misma destacaba “el arca con los restos” que iba sobre una litera “forrada de raso carmesí con galones de oro” cuyas varas eran portadas por sacerdotes.

A lo largo del camino se encendieron luminarias para acompañar el paso de la procesión, lo que -en palabras del autor- le daba un carácter “tan conmovedor como grandioso”. A la entrada de Casarrubios “salió a recibir al Santo el Príncipe heredero, acompañado del cardenal Zapata y de otros muchos personajes de la Corte”.

Se llevó el arca con los restos a la habitación del monarca, quien tomó en sus manos el maxilar del Santo y lo besó “con la mayor veneración y respeto”. Días más tarde el rey se recuperó y acompañó al San Isidro en su viaje de regreso a Madrid.

Segundo acto:  protocolo y eventos para celebrar la beatificación, 15 de mayo de 1620

El evento con el que se celebró la beatificación del patrón de Madrid se hizo coincidir con la inauguración de la remodelación de la plaza Mayor y estuvo compuesto de muchos actos, religiosos y no tanto, en los que participó el rey Felipe III, quien falleció al año siguiente, en 1621 y debía su vida -como hemos visto en el apartado anterior- un milagro obrado por el Santo.

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En el libro Madrid Viejo, crónicas, avisos, costumbres, leyendas y descripciones de la villa y corte en los siglos pasados de Ricardo Sepúlveda (1888) se detallan los actos festivos que tuvieron lugar aquel 15 de mayo de 1620: “Poco después de reconstruída la plaza, se celebró la beatificación de San Isidro, con procesiones, danzas, máscaras, fuegos y encamisadas, por espacio de seis días, armándose en medio de la plaza un castillo de fuegos, que se quemó por descuido”. En el Madrid de los Austrias, cualquier ocasión era buena para celebrar y echarse a la calle aunque algunas de las fiestas no estuvieran muy relacionadas con el fervor religioso que debía inspirar tener a un compatriota en los altares.

Tercer acto: protocolo religioso en la procesión del 20 de junio de 1622

La villa de Madrid conmemoró por todo lo alto la canonización de San Isidro -tal y como cuenta Ricardo Sepúlveda en su libro de 1888- y coincidió con la del italiano San Felipe Neri y la de otros tres españoles: Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier.  “Altares portátiles, procesiones, máscaras y luminarias” volvieron a Plaza Mayor y “danzas (…) chirimías, timbales y trompetas -además de- una comedia de Lope de Vega, representada en la misma plaza por los principales histriones”. Uno de los actos principales fue la procesión celebrada el 20 de junio y que congregó: 156 estandartes; 78 cruces parroquiales; 13 órdenes religiosas (unas 1.200 personas aproximadamente) y 600 eclesiásticos de la clerecía de Madrid. Protocolo religioso para contrarrestar las otras actividades que no lo eran tanto.

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Mullé de la Cerda (1891) detalla el orden de la procesión, que fue el siguiente: “la imagen de San Felipe Neri (…) conducida en hombros de sacerdotes (…) seguía luego la de Santa Teresa de Jesús, llevada por religiosos; a continuación la de San Francisco Javier, por los Padres de la Compañía (…) el cuerpo de San Isidro encerrado en su urna de plata” -regalo de los plateros de Madrid con motivo de su beatificación- que iba “sobre una carroza revestida de damasco y guarnecida de oro”.

La procesión fue presidida por el rey Felipe IV, que iba “acompañado de toda su corte y escoltado por todas las armas”.

Protocolo religioso y de corte en eventos conmemorativos del patrón de la ciudad de Madrid  en el siglo XVII;  400 años más tarde le seguimos celebrando de la misma forma: actos religiosos y lúdicos.

Fuente del texto: los libros citados.

Fuente de las imágenes: Biblioteca Digital Hispánica.

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