El lunes en el post XCII de palabras, palabras, mencionábamos tres tipos de duelos entre caballeros medievales tomando como excusa el final del Carnaval y la caricatura con la que se refleja en el cuadro de Brueghel “La batalla entre don Carnal y doña Cuaresma”. Esos duelos de honor eran auténticos eventos que tenían detrás una cuidada organización y en los que se seguía un protocolo estricto. De ellos iremos hablando en este blog, empezando por el que caricaturiza el pintor holandés: la justa.

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La justa: definición y relación con el protocolo

Una justa era, según el Diccionario de Autoridades– un juego o “exercicio festivo de caballeros, armados de punta en blanco, en que a modo de alarde, executan las acciones de combate con lanzas”, derivado del latín “iusta” y que significa “a par o cerca”.

Como vemos en esta antigua definición de justa se manejan aspectos importantes relacionados con el protocolo y la organización de eventos. Los detallaremos a continuación.

La justa, lo mismo que los torneos o los pasos honrosos, era un entrenamiento para la guerra  en tiempo de paz, llevado a cabo por caballeros.

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Se trataba de un combate singular, un evento en el que dos caballeros (sobre sus caballos), vestidos con la etiqueta reglamentaria (armadura), pertrechados con sus lanzas y escudos se situaban frente a frente en un campo abierto (pero cerca) y, previa una señal convenida, se lanzaban hacia el otro intentando impactar con su lanza en el contrario con el fin de apearle del caballo. Esta maniobra se repetía varias veces, hasta que el contrincante caía del caballo o a la tercera lanza rota, momento en el cual el combate se paraba.

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Habitualmente no era una pelea a muerte, las lanzas estaban huecas y sus puntas preparadas para romperse al contacto con la armadura del contrario. Decimos habitualmente porque en algunas ocasiones si la justa era consecuencia de un desafío, el combate si era a muerte y las lanzas eran de verdad. Aquí vamos a hablar del ejercicio festivo y galante, en el que las damas tenían su protagonismo, de ahí lo de galante.

La justa, duelo entre caballeros: protocolo y rango

En la justa solo participaban caballeros como leemos en la definición. Ser caballero es un aspecto protocolario importante, nos habla de rango, de la posición que en la sociedad de la época debía ocupar quien pretendía participar en un torneo. De esta forma quedaban excluidos: quienes no fueran nobles o quienes no tuvieran una buena reputación.

El honor del caballero se daba por supuesto, ya fuese por la herencia genética o por sus hazañas, que eran conocidas, por ejemplo a través de las canciones, de bardos y juglares.

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Como criterio para diferenciar entre dos que tenían el mismo rango se utilizaba la procedencia, y así el caballero del lugar donde se celebraba la justa era el “mantenedor” y el que venía de fuera “forastero”.

La justa: protocolo y etiqueta

Recoge la definición el aspecto protocolario relativo a la etiqueta  con estas palabras: “armados de punta en blanco”, es decir vistiendo sus mejores galas. Y eso para el caballero era ir con la armadura –las medievales podían tener más de doscientas piezas- reluciente de la cabeza a los pies, cuyas piezas principales eran: penacho y  yelmo (en cabeza); gola, espaldar, escarcela, peto y ristre (tronco); hombrera, codera, guantelete, quijote, rodillera, greba, escarpe y espuela (extremidades). Sobre el peto el caballero llevaba la prenda de su amada, ya fuese un pañuelo o una cinta de color.

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Pero no solo el caballero, su caballo también llevaba armadura: testera, capizana, pechera, flanqueras, bardas y arzón. Y las galas se extendían a su séquito, que vestía lujosamente, lo mismo que los cortesanos que asistían al evento.

La justa: un evento de protocolo con secuencia de ejecución

Al evento que se desarrolla con la justa se refiere la definición utilizando las palabras “exercicio festivo” en el que se ejecutan “acciones de combate”; era, por tanto, un acto que requería un público, unos invitados, un espacio y el desarrollo de una serie de actividades en una secuencia preestablecida, lo que cualquier evento de nuestros días.

  • Era un evento en el que se participaba mediante inscripción, lo que requería la comprobación de la identidad de los participantes por heraldos y reyes de armas (para saber si quien era, era realmente quien decía ser).
  • Autorización para participar.
  • Apertura del acto por quien presidía el mismo: rey o señor de la villa en la que se celebraba la justa.
  • Inicio de la justa, que era anunciado con toque de trompeta.
  • Entrada de los contendientes: en primer lugar el mantenedor quien a caballo se dirigía a la tribuna de honor donde saludaba cortésmente a quien presidía y se retiraba. Volvía a sonar la trompeta y aparecía el forastero, quien repetía las cortesías de saludo.
  • Ambos contendientes ocupaban sus puestos.
  • Inicio de la contienda.
  • Proclamación del vencedor.
  • Ofrenda de los trofeos a la dama objeto de sus desvelos y cuya prenda había lucido durante la justa.

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Todo lo que aquí les he contado lo he leído –con ojos de protocolo- en un artículo de Joaquín de Sotto y Montes -“La orden de caballería en la Alta Edad Media“-publicado en la Revista de Historia Militar nº 7 de 1960, que me han regalado hace poco. De esta lectura extraigo que la justa  era un evento que requería una minuciosa organización, en la que el protocolo aparecía en la etiqueta, el ceremonial y las buenas maneras (cortesías).

Para interesados en partes de una armadura les recomiendo la página  Aceros de Hispania.

La imágenes son capturas de: Deportes Medievales, Biblioteca Digital Hispánica, Taringa

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