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La cena de empresa en Navidad es un evento tradicional donde vendemos imagen a raudales aunque no lo parezca, y que esa imagen sea la más adecuada a nuestros intereses dependerá única y exclusivamente de nosotros. Es una de esas ocasiones en las que es de vital importancia saber comportarse, tener a mano las reglas de urbanidad y buenos modales, evitando situaciones que pueden ser objeto de crítica y cotilleo entorno a la máquina del café durante una temporada. Y es que a menudo olvidamos la importancia de la máquina de café en la vida de la oficina, todo lo que sucede entorno a ella es trascendental para nuestra reputación; por ello, desde el momento en el que estás vistiéndote para asistir a la cena de Navidad de tu empresa, debes tener en mente la máquina de café que hay en tu oficina, repítelo como un mantra: “máquina de café” “máquina de café“.

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¿Hay que ir a la cena de empresa?

Ir o no ir, esa es la cuestión. Los defensores de ir a la cena te aconsejarán que lo hagas, y empezarán con el bombardeo: “si no vas todos los presentes te echarán en falta y aprovecharán para ponerte verde“; “si no vas, el jefe pensará que la empresa te importa un bledo” y sermones parecidos.  Estos defensores de “ve a la cena o te caerán encima todos los males del infierno” empezarán a hacerte presión (lo cual muchas veces es insoportable, con lo que acabas cediendo por aburrimiento). Los “influenciadores” (por usar un término más actual)  olvidan que hay muchas razones por las que una persona puede no querer ir a la cena de empresa y no hay que  presionarla para que vaya (a lo mejor es verdad que se ha muerto su abuela, que tiene migraña, una intervención médica o un viaje inaplazable).

Sea como fuere, presionar a la gente para ir a la cena (o para quedarse más tiempo) es una mala idea. Aunque inventarse un pretexto para no ir también es una mala idea, es mejor disculparse y decir la verdad. Recordad que “la mentira tiene las patas muy cortas”. Y en la máquina de café salen a relucir: mentiras y mentirijillas y el cartel de “mentiroso” es bastante feo.

Si bebes no conduzcas

Antes de elegir el modelito que vas a vestir, plantéate esto: salvo que seas abstemio, por mucho que pienses que no vas a beber nada, lo más seguro es que tomes suficiente alcohol como para dar positivo en un control de alcoholemia. Así que lo mejor es que contribuyas a dinamizar la economía: coge un taxi o utiliza el transporte público colectivo (el bus de toda la vida).

La máquina de café aquí también funciona, sobre todo si acostumbras a llamar a la mañana siguiente para decir que tienes “gastroenteritis”.

¿Qué me pongo?

Una vez que hemos decidido ir (ya sea cediendo a al peer pressure o porque ese tipo de eventos, en el fondo, nos gustan) hay que pensar en qué ponerse. La ropa es esencial por lo que será importante ir adecuado a este tipo de cenas.

Salvo que en la invitación señalen la etiqueta, lo normal es que vayamos un poco más arreglados que de costumbre, pero siempre en la línea de la indumentaria habitual en nuestro trabajo. Las chicas, mejor que dejen los atuendos demasiado llamativos para otro momento y los chicos que piensen que no es un casual friday, por lo que deberían tratar la informalidad con un poco más de formalidad. La virtud siempre está en el término medio, con lo que nada de vestirse como para una boda o de plantarse los vaqueros, la camiseta y las deportivas. Recordad que una imagen correcta es la mejor carta de presentación delante de los jefes.

Elige algo discreto (no aproveches el momento para hacer un cambio de look radical) y recuerda que siempre es mejor quedarse corto que pasarse. Los compañeros de trabajo, colegas, divertidos, simpáticos, bordes, etc. somos en el fondo unos cotillas y lo de “como se nota que fulanito no usa el traje a menudo porque huele a naftalina” o “menganita estaba muy mona, la blusa era de su hermana pequeña ¿no?”, serán tema de conversación en la máquina de café, eso sin duda.

Ya estoy aquí ¿ahora qué?

Este es el momento de sacar al Napoleón que todos llevamos dentro y plantear la estrategia a seguir para elegir el puesto que vamos a ocupar. De esa elección depende el que lo pasemos bien o queramos salir de allí cuanto antes.  Tener que reírle los chistes al jefe, ver como come con la boca abierta, bebe sin mesura o se mancha solo con mirar la comida, etc. tiene su aquel; pero soportar al chistoso, a las que están preparando la boda, acaban de dar a luz, o de volver de Maldivas, también tiene lo suyo. Así que: be strategist, my friend!

Has elegido tu puesto, te vas a sentar a la mesa a comer, así que lo primero es  vigilar tu postura,  la postura correcta pasa por tener espalda recta y los codos fuera de la mesa. Después: espera a que los comensales estén servidos antes de empezar (no te lances a devorar platos como si no hubiera un mañana); deja la servilleta sobre las rodillas mientras comes; no toquetees las copas llenándolas de dedos; deja los cubiertos en el plato mientras hablas y cuando termines … ya sabes, practica el kit básico de comportamiento en la mesa.

La educación a la hora de comer es primordial, no puedes dar la impresión de llevar una semana sin comer. Nada de comer con ansia y preguntar al de al lado si “¿te vas a comer esto?”. Tampoco es buena idea quejarnos de la comida aunque no nos guste, hay que hacer el esfuerzo de probar un poco de todo, aunque sea por cortesía. No olvides que el pan está a tu izquierda y la bebida a la derecha.

Recuerda la máquina de café y los comentarios que pueden surgir allí sobre los que comen con la boca abierta; sorben el consomé o hacen bocadillos con los entremeses (y seguro que tienen pruebas gráficas y audiovisuales).

¿De qué hablamos?

Mesura y prudencia: ni “incontinencia verbal”, ni “síndrome estatua”. No monopolizar la conversación; evitar hablar de religión, fútbol, toros, política, sexo, o de personas que no están presentes. ¿Se pueden contar chistes? claro que se pueden contar,  pero que el chistoso no se lance y tenga cuidado con los chistes que cuenta, para que no ofendan a nadie. Hay que señalar que hay dos tipos de chistosos: el que cuenta chistes y el que hace de cada comentario un chiste. Estar escuchando toda la velada “al de los chistes” sea del tipo que sea, puede hacerse insufrible y tener que reírle los chistes al jefe, agotador.

A la hora de hablar con tus compañeros de trabajo no toques temas delicados. Evita las críticas a otros compañeros o a directivos, aunque es normal hablar de temas laborales con los compañeros de trabajo, en esta cena deberéis estar atentos para no hablar demasiado, los arranques de sinceridad no son aconsejables. Estas cenas no son el mejor lugar para ponerse a discrepar, todo lo contrario, aprovéchalas para limar asperezas; no te tomes demasiadas confianzas, sobre todo con tus jefes. Se prudente, no hables más de la cuenta. Es un buen momento para desconectar del trabajo así que no se habla de sueldos (haciendo comparativas del tipo: “ese gana más que yo y trabaja menos”, etc) ni se piden aumentos de sueldo o  “condecoraciones” (ponerse medallitas) porque se busca un ascenso.

El momento máquina de café aquí es glorioso, sobre todo si va enlazado a una auténtica subida de sueldo o de estatus aunque no sea inmediata: “¿Sabes que a Menganita/o, le han subido el sueldo?. Tanto pasarle la mano por la “chepa” al jefe en la cena de Navidad, tiene sus ventajas” (aunque estemos en septiembre del año siguiente).

Beber, beber, beber es un gran placer

Si te emborrachas, vete a casa, recuerda que cuando el alcohol entra por la puerta, el pudor huye por la ventana.

El alcohol es muy común en este tipo de fiestas, por lo que pasarse con las copas es lo habitual. Se puede beber alguna copa de vino y brindar con cava, pero sin exceso. Mesura. Es importante tener presente que no estamos en la despedida de soltero de un amigo, con lo que pillarse la cogorza del siglo puede significar colgarte un sambenito que no te lo quitan de encima quinquenios de buen hacer. Un consejo: bebe agua en abundancia y come lo suficiente para tomarte  una copa o un par sin traspasar el límite entre sobrio y ebrio (que eso es muy maaaaaaaalo).

Respecto al comentario en la máquina de café, me remito a lo dicho en el apartado: si bebes no conduzcas.

Cenando en las redes sociales

Las redes sociales se han convertido en un invitado más a las cenas de empresa, las fotos de la cena y post cena acaban circulando por Twitter, Facebook, Instagram, etc. y ahí las ve todo el mundo: copas en la mano, ojos vidriosos, poses extrañas, mejor evita ese lado fotogénico tuyo.

Dentro de la estrategia para la cena también debería estar evitar al rey/la reina del selfie: ya sabes esos que se hacen y publican un selfie: cuando se están vistiendo, poniéndose la corbata, pintándose el ojo, al llegar al sitio, con el carabinero en la boca, con una copita, con otra copita, con la corbata en la cabeza, etc. Lo peor no es que lo hagan de sí mismos, que es de dudoso gusto y peligroso, lo peor es que se saltan a la torera la intimidad del resto, así que como será inevitable que se hagan fotos y se tuitee, habrá que hacerlo con moderación y sin comprometer a ninguno de los asistentes de la cena (sobre todo no te pongas pesado si te han dicho que no quieren fotos).

La revisión de lo que se ha subido en el muro Facebook al día siguiente por los madrugadores que comparten un café alrededor de la máquina, no hay palabras para describirla.

“¡Ay, Dios Mío!”

(La expresión más pronunciada a la mañana siguiente de la cena de empresa)

Parece que el ligoteo entre compañeros de empresa es inevitable. Evita ligar con tu compañero/a de empresa en la cena de ídem; si de verdad te gusta algún compañero/a de trabajo es mejor que busquéis otro momento más privado y discreto. Y si no te gusta y te acabas liando … ¡Ay, Dios Mío!.

Cuidado con la reputación; a los corrillos de cotilleo que se forman alrededor de la máquina de café les encantan las historias de “amor y lujo”, reales o inventadas, pero sin duda siempre exageradas, con protagonistas reales a los que conocen.

¿Baile o karaoke? A darlo todo

Uno de los efectos del alcohol en las cenas de empresa es pasar por encima de la vergüenza y hacer cosas que en situaciones normales no se hacen.

Toda cena de Navidad que se precie acaba con un pase por discoteca, en la que Fred Astaire y Ginger Rogers salen a la pista a darlo todo. Claro que puedes bailar, pero con discreción, ser el centro de atención en el centro de la pista bajo la bola de cristal, mejor en otro momento.

Un broche final con karaoke también es habitual, momento en el que alguien se viene arriba, coge el micrófono y ataca cualquier canción cuyo estribillo le suene,  acompañando la melodía con la inevitable coreografía insinuadora.

Tus grandes éxitos del karaoke – entre los que seguro estarán temas como “Bad girls” o “Lady Marmalade“- serán la comidilla de la máquina de café durante los 11 meses y 29 días que quedan para la siguiente cena de Navidad, no lo olvides.

Cerrando y abriendo bares

Siempre hay alguno al que le gusta alargar la fiesta hasta las primeras luces del alba  y aguantar todo lo que se pueda como si el mundo se fuera a acabar. “La última” (copa) que nunca llega, es mejor dejarla para cuando salgas de copas con los amigos.

Si tienes intención de ser el último irte: piensa en la máquina de café. Tener el sambenito de “cierrabares” y “escaqueitor” (por no aparecer en la oficina a la mañana siguiente o hacerlo en condiciones lamentables) no ayudará mucho a tu carrera profesional.

Se podrían hacer más recomendaciones pero con estas hay suficiente para recordarnos que lo importante es no olvidarnos de los básicos: discreción, mesura, prudencia y elegancia y si ocurre lo peor, si te emborrachas: vete a casa sin dudarlo. Mejor una retirada a tiempo que ser la comidilla de la máquina de café a la mañana siguiente.

Imagen: www.libremercado.com

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