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Llega el verano y retomamos las lecturas de los libros del anaquel dedicado a temas de urbanidad y buenas maneras de antaño. Elijo, para empezar la lectura estival, el libro “El Consejero de las Señoritas” (Guía práctica de la joven en sociedad) de Harmency, que el librero que me lo vendió dató en 1930 (ya que el libro, en buen estado de conservación, no tiene fecha).

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Transcribo varios párrafos que vienen a colación por la época en la que estamos. Nos arrancarán una sonrisa, eso seguro:

“La moda, cada vez más licenciosa, impone un modelo de traje de baño que el pudor menos exigente debe rechazar. No os importe ser un poco “a la antigua”; la decencia no está sujeta a modas; no es de hoy ni de ayer; es de siempre”.

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“Dejad que las demás se tuesten al sol, casi desnudas, tendidas sobre la arena de la playa, charlando tranquilamente con sus amigos, en una promiscuidad que el recato y el buen parecer rechazan; dejadlas que “posen”, solas o en grupo, en posturas más o menos artísticas, moldeando su cuerpo por el sutil, escaso e indiscreto “maillot”, ante las máquinas fotográficas; dejadlas que, en ese atavío paradisíaco, paseen con los jóvenes, jueguen con ellos, y con ellos merienden y tomen el aperitivo. Son muchachas honradas, aunque muchas veces no lo parecen; esto es ya bastante para que no las imitéis, pues, en muchas ocasiones, parecer es ser (…)”.

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“(…) ¿Cómo ha de ser el traje de baño de una joven honesta? Como queráis pero decente

“La capa, el albornoz, nos parece indispensable; al cruzar la playa para entrar en el agua, os resguarda de miradas indiscretas; al salir del mar, lo mismo. Además, el capucho oculta vuestras facciones; al salir del baño, pocas son las mujeres cuya belleza puede resistir una ligera crítica”.

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(…) En el mar, parecería ridícula toda etiqueta; del placer compartido en común, en un elemento tan inestable como es el mar, nace cierta confianza que nos lleva a cambiar impresiones con nuestros vecinos de ola (…) Como todo lo grande, el mar no conoce los convencionalismos e impone su ruda franqueza a quienes en él se sumergen.

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Cuando os hable, contestad afablemente, y seguid nadando”.

Escribiendo estas líneas me ha venido a la cabeza la estrofa de una canción de Sam Cooke, A change is gonna come:

“It’s been a long, a long time coming
But I know a change gon’ come, oh yes it will”

Ilustraciones, capturas de pantalla de:

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