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Tras el velatorio, tocaba ponerse en movimiento había que ir de Madrid a El Escorial andando y de noche, todo un reto en el siglo XVII ya que se iban a mover un gran contingente en riguroso orden protocolario.

El nuevo monarca daba las instrucciones pertinentes sobre día y hora de la traslación del cadáver de su antecesor a su destino final en el panteón real, en el post de la semana pasada veíamos la escenificación del protocolo en el cortejo fúnebre. Ahora hablamos de la llegada San Lorenzo de El Escorial, a  la “gigantesca capellanía que proporcionaba un privilegiado y privado lugar de enterramiento a la familia real y la oportunidad de recibir un gran cúmulo de sufragios por sus almas” (Martínez Gil, 2000). El  cortejo –acompañado de música y velas- que acompañaba el cadáver del rey difunto desde Madrid a El Escorial, llegaba a primera hora de la mañana, para ser enterrado a mediodía. Realmente no había enterramiento, solo se procedía a la entrega del cadáver al Abad del Monasterio.

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Una vez llegaba la comitiva al monasterio tenían lugar una serie de ceremonias que tendrían su punto final en la de entrega del cadáver al Abad.

La comunidad de religiosos, que salía a recibir el féretro al pórtico; a continuación tenía lugar el oficio de difuntos, en la iglesia; el cadáver era llevado a la cripta donde tenía lugar la identificación  (previa apertura del féretro) y la entrega del mismo al abad del monasterio. El féretro que iba pasando de un espacio a otro para los distintos oficios era llevado solo por los altos oficiales de la Corte y los Grandes de España, pero a la cripta lo bajaban los Monteros de Espinosa.

Los espacios a utilizar en el monasterio eran: el pórtico, en el que había un bufete cubierto de brocado sobre el que se situaba el féretro; la iglesia, en la que el féretro se situaba sobre un túmulo; la antesacristía, donde volvía a situarse el féretro sobre un bufete, la puerta de la bóveda, donde el féretro pasaba a los Monteros de Espinosa quienes lo llevaban “hasta el sitio donde había de quedar”, la cripta (Rodríguez Villa, 1918)

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La construcción de la cripta se hizo en el reinado de Felipe IV. Llama la atención la disposición de los féretros en la misma, si hacemos un corte transversal de la bóveda de la iglesia podemos ver el altar, bajo el cual se encuentra la cripta, en la que se sitúan los féretros reales, a la derecha –lado del evangelio- los reyes, a la izquierda –lado de la epístola- las reinas.

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El mensaje en el monasterio, gran mausoleo, panteón real, lo resume Varela (1990) en esta frase: “El cadáver y la efigie (…) del rey aparecían en El Escorial para proclamar la inmortalidad y el carácter divino de la realeza”.

Fuentes:

  • MARTÍNEZ GIL, F. (2000): Muerte y sociedad en la España de los Austrias. Cuenca. Servicio de publicaciones de la Universidad de Castilla la Mancha.
  • RODRIGUEZ VILLA, A. (1915): Etiquetas de la Casa de Austria. Madrid. Jaime Ratés
  • VARELA, J. (1990): La muerte del rey. El ceremonial funerario de la monarquía española (1500-1885). Madrid. Turner.

Ilustraciones, captura de pantalla de

 

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