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Dirimir las diferencias de opinión con un duelo, retar a duelo, desafiar al contrincante y cruzar las espadas en el campo del honor, era algo habitual hasta finales del XIX. En nuestro imaginario están los duelistas, el ruido del choque de espadas, la bruma del amanecer y la herida mortal de uno de ellos, la Literatura y el Cine se han ocupado de ello.

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Todo comenzaba cuando uno de los futuros duelistas se sentía ofendido en su honor y lo manifestaba a su contrincante mediante una bofetada, un guante arrojado a la cara o al suelo, de ahí lo de lanzar el guante. Cualquiera de esas acciones necesitaba una respuesta, no responder era impensable, y de ahí la expresión recoger el guante. No tenía porqué mediar palabra entre ellos, había que batirse en duelo.

¿Por qué la bofetada o arrojar el guante?, el origen hay que buscarlo en la Edad Media, en el ceremonial para armar caballeros. En esta ceremonia al futuro caballero  se le daba una pescozada (el espaldarazo), una palmada ritual en la cara, simbolizando la última vez que la aceptaría sin devolver el golpe, por tanto quien recibía la bofetada, o el guante estaba obligado a aceptar el reto o quedar deshonrado.

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Una de las características fundamentales del duelo era que tenía lugar entre caballeros, y como reacción a una ofensa al honor, pero el honor como motivo para retar en duelo, tenía un significado muy amplio (una mirada, un insulto, una duda, un entredicho … cualquier cosa era buena para sacar la espada, esto lo sabemos por la literatura). El duelo solo se daba entre caballeros, los que tenían honor y honra, las clases bajas que no tenían ni para comer ¡como para tener honor!.

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Ofendido y ofensor tenían un papelón de cara a la galería, porque esto de la ofensa al honor requería la presencia de público. El ofendido necesitaba de público, que valorase que se había cometido una ofensa contra su honor y su única salida era responder a la misma lanzando el guante, y el ofensor necesitaba público que valorase el hecho de que respondiese al reto recogiéndolo, porque no recogerlo le marcaba para siempre. Sin público -y el qué dirán- no encaja una acción cuyo desenlace posible es la muerte.

 Un duelo era un acto que requería un ceremonial muy preciso y que puede ser visto con ojos #protocoleros. Por un lado la invitación, el lanzamiento del guante o la bofetada, la invitación más personalizada que existe. Los  invitados: padrinos (2 por duelista) eran quienes establecían las reglas del juego; el médico, que certificaba la gravedad de las heridas y/o la muerte. El lugar , un sitio poco concurrido, extramuros a ser posible (ha habido muchos testigos de la ofensa, pero no se necesitan tantos para asistir al duelo, máxime cuando estaba prohibido por ley batirse en duelo) y la hora, habitualmente al alba.

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Había tres tipos de duelo dependiendo del nivel de satisfacción con el que se conformara el ofendido:

  • A primera sangre (un rasguño, el honor queda limpio y nos vamos a casa tranquilamente)
  • A herida grave (aquí la cosa se complicaba, se limpiaba el honor pero uno de ellos estaba de baja una temporadita).
  • A muerte (el duelo solo terminaba si el otro moría).

Hemos dicho que los padrinos fijaban las normas por las que se regía el duelo, entre ellas estaba la elección de armas, que debían ser iguales para un duelo justo. Vamos a centrarnos en el duelo a pistola, el que requería que los duelistas se pusieran espalda contra espalda, caminasen una serie de pasos, vuelta y disparo.

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En los duelos a pistola:

  • El número de pasos era inversamente proporcional a la ofensa, a mayor ofensa menos pasos (fallar era difícil).
  • Si no se acertaba, o se erraba intencionadamente, el agraviado podía darse por satisfecho, o continuar hasta que uno de los dos sufriera una herida o la muerte (según el tipo de duelo pactado).
  • La mala puntería (tres rondas de disparos sin acertar) podía dar por terminado el duelo.

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Para más información:

Ridley Scott: Los duelistas (1977)

Stanley Kubrick: Barry Lyndon (1975)

Irish Code Duello (1777)

 

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