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Tenemos a los pobres con el pie derecho lavado, perfumado y besado por Su Majestad, esa parte de la ceremonia -que vimos el Jueves Santo- ya ha concluido, ahora vamos a por la segunda parte, porque, como establece el permiso especial, aquí no estamos solo para ver como los lavan, sino para observar cómo comen.

Pobres_Permiso para Público

Frente a las tribunas y rodeados por tapices y alfombras de la Real Fábrica, destacando el denominado La Cena de Pedro Pannemacker,  se situaban las mesas en las que los pobres iban a degustar el menú que para ellos se había preparado, y que bien podría ser este:

Menú Comida

Cada uno de los hombres pobres era acompañado a la mesa y servido por un Gentilhombre, Grande de España o Primogénito, que debía vestir el uniforme de gala propio de su elevado cargo en Palacio; las damas de la Reina hacían lo propio con las mujeres pobres. Recordemos que este acompañante era quien le había calzado la media y puesto el zapato tras el beso del monarca.

Una vez todos los pobres están en sus puestos comienza la ceremonia del servicio de la comida. Primero se bendice la mesa, tarea encargada al Nuncio de Su Santidad. A continuación comienza el servicio: los platos del menú, por el orden en el que aparecen, van pasando de mano en mano de los criados al jefe de cuarto y de éstos a los gentiles hombres del interior quienes los pasan a los Grandes de España o Damas de la Reina, quienes, a su vez, se los entregan al Mayordomo/Camarera Mayor para que sean entregados a S.M. el Rey o S.M. la Reina, quien los sitúa delante de cada pobre, como vemos en el grabado siguiente.

Servicio Mesa Pobres

Cuando el servicio ha terminado, los cubiertos, vasos, el jarro de vino, el salero y los manteles se retiran con la misma ceremonia, y se colocan en 25 grandes cestos de mimbre, que son entregados a los pobres para que los vendan. Además a cada pobre le entregan una bolsita que contiene 3 monedas de plata de 50 céntimos cada una.

Fin del espectáculo, y a mi no se me van de la cabeza estas estrofas de Fiesta, de Joan Manuel Serrat

Y hoy el noble y el villano,
el prohombre y el gusano
bailan y se dan la mano
sin importarles la facha

(…)

Y con la resaca a cuestas
vuelve el pobre a su pobreza,
vuelve el rico a su riqueza
y el señor cura a sus misas.

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