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Diez Borque (1998) señala unos principios básicos en la comedia, que se repiten en el contenido de todas las obras de los distintos autores de la época: “Hay unos esquemas morales, ideológicos, conceptuales, bastante fijos, entre los que destacan el amor como justificación ocupación universal, el honor como razón de ser con numerosos conflictos por la oposición honor-dignidad, honor estamental, valor, sistema jerárquico, limpieza de sangre, el rey como garantía del orden, etc. La comedia ofrece sublimados valores de convivencia en la vida diaria, en las relaciones individuales, políticas y sociales, pero sin “que los argumentos sean, trasuntos mecánicos de cotidianeidad”.

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La mayoría de las comedias responden a este estereotipo ideológico para ejercer sobre un público muy heterogéneo, una campaña a favor del poder establecido y del régimen de intereses que representaba. Esta manipulación, ese mensaje a través del teatro con el fin de fijar adhesión y apoyo al sistema ante situaciones críticas y amenazadoras la ve Maravall (1986) reflejada en los distintos estamentos, de la siguiente forma:

Nobleza: les demostraba que la realeza se imponía siempre por su propio carisma, y en ello estaba el bien de los señores.

Ricos, que no eran ni nobles ni señores: les llamaba a  “integrarse con firmeza en un sistema que a éstos les admiraba y sorprendía, sólo dentro del cual se aseguraba la paz de la vida moral y se hacía realidad el tópico del beatuis ille

Pueblo: le garantizaba la “ contra los desmanes de algún señor, por excepción tiránico en su proceder, e incluso, dejándole entrever vagas posibilidades de cambiar de estado … o dándole a entender las ventajas de su estado de vida en la aldea, donde el labrador honrado se ve reconocido por todos “rey del campo que gobierna”.

Continuará

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