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Hace unas semanas vi la película Emperor (Peter Webber, 2012).  Esta película narra un episodio puntual ocurrido tras la rendición de Japón en septiembre de 1945 al finalizar la II Gerra Mundial. Ese episodio  es la entrevista entre el General Douglas MacArthur y el Emperador Hiroito, y la decisión del general -en aquel momento Comandante en Jefe de las Fuerzas Aliadas para la ocupación de Japón- de no ejecutar al emperador por crímenes de guerra. El general americano toma la decisión de utilizar a emperador y gestionar la ocupación sin contratiempos, en lugar de eliminarle y enfrentarse a una rebelión.

Desde el punto de vista del experto -o interesado simplemente- en protocolo el momento de la entrevista es, sin duda,  el más interesante, y además, está muy bien recogido en la película (película que, por cierto, no pasará a la Historia del Cine como una obra maestra, ya que es un poco aburrida y no acaba de enganchar al espectador).

Pero sigamos con lo nuestro, el protocolo. Días antes de la entrevista, y dado el ceremonial que acompañaba cada uno de los movimientos del emperador (recordemos que era un ser divino), los consejeros le explican a MacArthur las normas de protocolo y la etiqueta para tratar con él, lo que denominaremos los “noes“:

  • No se puede vestir de manera informal
  • No se puede tocar al emperador
  • No se puede mirar a los ojos del emperador
  • No puede situarse a su derecha, tiene que estar siempre a su izquierda.
  • No puede hablarle si él no le pregunta o le habla previamente.
  • No se le pueden hacer fotos (es un ser divino, su imagen era sagrada. De hecho su voz la escucharon sus súbditos tras la firma de la rendición incondicional a bordo del Acorazado USS Missouri).

¿Qué hizo el General MacArthur?, precisamente todo lo contrario.

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Lo primero y fundamental fue que hizo salir al emperador del recinto del palacio imperial para dirigirse al cuartel general de los americanos, donde estaba la residencia del Comandante en Jefe.

En la fotografía podemos observar que MacArthur iba sin corbata, se situó a la derecha del emperador (al mirar la foto con “ojos de protocolo” sabemos quién ocupa el número 1); se dirigió a él para saludarle; le dio la mano; mantuvo una entrevista con él a solas y le fotografió.

Y así lo recoge Shiro Okamoto en su obra  “His Majesty’s Salvation”:

“MacArthur saludó al emperador a la entrada de la recepción, estrechando su mano y diciendo “Es usted muy, muy bienvenido, señor”. Y el emperador se inclinaba y se inclinaba cada vez más hasta que MacArthur se encontró a sí mismo estrechando su mano por encima de su cabeza. Sólo el emperador, MacArthur y el intérprete Okamura entraron en la recepción. Entonces la puerta se abrió y el teniente Gaetano Faillace tomó la famosa foto del emperador y MacArthur desde fuera de la habitación.”

Todo esto sucedió ante la mirada atónita de los consejeros del emperador, para quienes esta actuación del ocupante era humillante.

Consecuencias de aquello: la renuncia pública a la divinidad por parte del emperador (lo que sucedió en 1946), pasando a ser un símbolo de la unidad del pueblo.

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