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Tengo un ejemplar facsimil del “Tratadito de Urbanidad para los niños” de Esteban Paluzie (1842), un libro de pequeño formato y reducidísimo en lo que al texto se refiere (30 pg.). Se trata de la segunda edición, la primera se editó en 1839, y no tiene nada que ver con la edición de 1869 en la que se incluían ilustraciones. Esteban Paluzie era un profesional de la educación que además tenía su propio colegio (el libro se imprime en la Imprenta del Colegio de Paluzie) es de suponer por tanto, que el libro estaba  destinado a servir de texto para enseñar urbanidad en dicho colegio.

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He buscado este libro en concreto por algo muy especial: he recordado una conversación con los amigos en la cual hablábamos de no estar educando a los niños para saber perder, solo para ganar. Este libro en su capítulo VIII habla “Del juego” y da una serie de indicaciones que son de aplicación casi doscientos años más tarde.

El tratadito dice que el juego por distracción es útil, y que el niño juegue es algo bueno, siempre que lo haga “una vez cumplidas sus obligaciones“. Durante el juego “se debe guardar el semblante sereno, tanto en pérdida como en ganancia, y nunca zumbar a los que la suerte sea adversa, porque aun cuando no se atreviese interés siempre es propenso el que gana a considerarse superior al que pierde, y a veces una chanza puede ocasionar disgustos a entrambos“.

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Los niños que me rodean están acostumbrados a conseguir todo lo que quieren (e incluso más de lo que quieren), son el centro de atención de sus padres y, no obtener cualquier capricho, es una fuente de frustración para ellos. Juntemos unos cuantos pequeños egos en un parque y el juego se transforma en una lucha cuerpo a cuerpo. ¿Por qué sucede esto?, porque los padres no enseñan a sus hijos que, cuando se comparte una actividad, a veces se gana y a veces se pierde, esto es Urbanidad. Recuerdo haber ido una vez a un partido en el que jugaban los hijos de unos amigos y salir de allí abochornada con los comentarios de los padres que me rodeaban, unos auténticos energúmenos. La frase “lo importante es participar” parece haber desaparecido de nuestro vocabulario.

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No saber perder da una imagen muy negativa, ese niño que cada vez que pierde organiza un concierto de chillidos, patadas, empujones, etc., es un candidato a quedarse solo cuando intente jugar otra vez. Los padres no deberían consentir ese tipo de conducta, y además deberían predicar con el ejemplo y cuidar los comentarios que se sueltan delante del televisor cuando juega su equipo favorito. Deberían enseñarles a no actuar antideportivamente, a jugar limpio y, lo más importante, que un rival no es un enemigo.

Pero no saber ganar también da una imagen negativa: alardear de una victoria, humillar al perdedor, son conductas que tampoco deberían consentirse.

Las 52 palabras de Paluzie que recogía más arriba incluyen esas dos ideas: hay que saber perder y hay que saber ganar, dos máximas de Urbanidad intemporales.

Relieves: Niños jugando con nueces (Museo Vaticano) y Niños jugando a la pelota (Museo del Louvre)

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