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Otro libro curioso que me saluda desde el anaquel son las Reglas de Urbanidad para uso de las señoritas (Bertran de Lis, F. 1859), libro que en apenas 56 páginas recoge todo lo que una señorita de mediados del XIX debía saber en cuestión de urbanidad.  El autor señala que el libro lo ha escrito “estimulado  (…) por las súplicas reiteradas de muchas directoras” y habiendo “consultado primeramente sobre los casos más difíciles, a personas capaces de facilitarme soluciones satisfactorias” (que según reconoce a renglón seguido el autor eran esas “directoras”, suponemos que de centros de formación de señoritas).

Portada_Reglas_Urbanidad_Señoritas

El libro está escrito a modo de diálogo entablado entre el escritor y quien le pregunta. Se trata de una técnica muy empleada en libros de estas características, por supuesto no es un diálogo casual, sino un diálogo interesado cuyo fin es dirigir las preguntas en un determinado sentido de forma que el autor pueda explicar distintas reglas de urbanidad de uso común en la sociedad de la época.

La primera pregunta que le hacen al autor es “¿De qué sirve la Urbanidad?“, a lo que él responde que la urbanidad es de mucha utilidad ya que  ” (…) inspira la dulzura, conserva la paz y el buen orden, y hace el trato más fácil y agradable, alejando los vicios que provienen de un carácter violento, y excluye esa grosería que, bajo el nombre de franqueza, se permite con frecuencia verdades que disgustan”.

Respecto al contenido del texto es el habitual en manuales de estas características: aseo, saludos, trato a los mayores, visitas, forma de comer los alimentos, etc., ha llamado mi atención el apartado relativo a los temas tabú en las conversaciones sociales: “no hablar de edades en presencia de ancianos, de salud a los enfermos, de convites suntuosos a las personas que solo tienen lo necesario para vivir, ni de nuestras riquezas al que nada posee“, con el fin de “no herir el amor propio, excitar la envidia o los sentimientos del prójimo“.

Otra indicación que ha captado mi atención (porque he revisado el libro con ojos de profesora y como tal se la dedico a mis compañeros) y que hace referencia a la actitud del que escucha, dice lo siguiente: “Si alguno toma la palabra, es muy feo que una joven –recordad que este es un manual para señoritas- esté distraída, enfadada, que se recueste en la silla, que juegue con las sortijas o el abanico, que mire al suelo, pues con esto denota que la conversación no solamente la fastidia, sino que hace poco caso de la persona que está hablando“.

Os dejo las frasecitas para vuestra reflexión y, por supuesto, recomiendo la lectura del librito (teniendo siempre en cuenta la época en la que se escribió, que es como hay que leer este tipo de libros).

Continuará

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