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El cadáver del rey Alfonso XII permaneció en el Palacio de El Pardo hasta el día 27 a las once de la mañana, momento en el que se produjo el traslado a Madrid. Desde el momento de su fallecimiento hasta la traslación se produjeron una serie de hechos de los que dejó constancia el Sr. Comba en las ilustraciones recogidas en  La Ilustración Española y Americana.

En la habitación en la que el rey ha muerto se instaló la capilla ardiente. El cadáver llevaba uniforme de capitán general, con el Toisón de Oro, y además, como relata el Sr. Comba, lucía “la banda de San Fernando y las veneras y las placas de las órdenes españolas”. Este reportero de finales del XIX sigue dando detalles importantes, como que el féretro era metálico, su caja exterior estaba forrada de tisú de oro, y se apoyaba sobre una mesa “cubierta de ricos paños y de flores naturales” y tenía a su cabecera “un crucifijo de oro y nácar” que se hallaba sobre “un tapiz de damasco encarnado”.

Al pié del féretro se situaron la Reina viuda y la real familia, también velaron el cadáver los servidores del monarca difunto.

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La comunicación de forma oficial de la muerte del Rey la realiza  el Mayordomo Mayor de Palacio –el Marqués de Alcañices- al Presidente del Consejo de Ministros (Cánovas del Castillo), mediante un parte cuyo contenido publica la Gaceta de Madrid nº 330 de 26 de noviembre de 1885.

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Desde el momento en que el Rey fallece, dada la minoría de edad de sus hijas y el hecho de que la Reina estaba embarazada, la Reina viuda pasó a ser Reina Regente del Reino, así lo recogía el artículo 67 de la Constitución de 1876: “Cuando el Rey fuere menos de edad, el padre o la madre de Rey (…) entrará desde luego a ejercer a Regencia, y la ejercerá todo el tiempo de la menor edad del Rey (la mayoría de edad se alcanzaba a los 16 años)”, además solo la podría ejercer mientras permaneciese viuda (según señala el artículo 68).

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Tanto el Presidente del Consejo de Ministros (Cánovas del Castillo), como los Ministros de Estado (José Elduayen), Gracia y Justicia (Francisco Silvela), Marina (Manuel de la Pezuela), Hacienda (Fernando Cos-Gayón), Fomento (Alejandro Pidal) y Ultramar (Manuel Aguirre de Tejada)  –según la Gaceta- están presentes en el Palacio de El Pardo en el momento del fallecimiento del Rey y ponen sus cargos a disposición de la Reina Regente. La Gaceta lo recoge con estas palabras “manifestaron a S.M. como Reina Gobernadora que era ya del Reino, que en aquel punto mismo habían terminado sus funciones ministeriales, por lo cual respetuosamente deponían a los Reales Pies de S.M. la Autoridad constitucional que hasta entonces les había estado confiada”, a lo que la Reina “se sirvió mandar a los Ministros que continuasen desempeñando esas funciones, mientras con alguna mayor tranquilidad podía fijar su atención en los negocios públicos”. Ante este mandado de la Reina, “el Gobierno procederá a ordenar inmediatamente todo lo necesario para que desde luego comience a cumplirse en todas sus partes el artículo 72 de la Constitución del Estado”. Dicho artículo 72 hacía referencia a que el Regente “ejercerá toda la autoridad del Rey en cuyo nombre se publicarán los actos del Gobierno”. El juramento que estaba previsto en el artículo 69 se deja para cuando “el estado de S. M. la reina Gobernadora consienta que acerca de esto y de cuantos asuntos dependan de sus regias prerrogativas determine y decrete lo que más conveniente estime a los intereses públicos”.

El Gobierno dimitirá el 27 de noviembre, sus dimisiones y los nuevos nombramientos los publica la Gaceta en su número 332 el sábado 28 de noviembre de 1885. El juramento de la Reina Regente tendrá lugar el 30 de diciembre de 1885.

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